Me recosté sobre la arena de la playa. Mi maestro me había dicho que Kaleen iría a buscarme. Ya podía estar tranquila, habían destruido la antena y no habían enviado ninguna señal a los Venators que estaban en órbita. La explosión de la antena había sido la señal para comenzar el ataque.
Kaleen había llevado a los troopers a la playa pero los wookies no parecían necesitar ayuda y obviamente tomaron a nuestros Arc como el enemigo. Después de todo estaban peleando contra clones del Nuevo Imperio. Por suerte no los lastimaron y Kaleen logró sacarlos de allí a tiempo.
Mi maestro había ido en su nueva moto y me había llevado con él, suponíamos que allí se encontraba el wookie que buscábamos, el compañero de Gormark, Ishikan.
Me contacté con ellos abriendo comunicación con una de las naves y pregunté por él. No obtuve respuesta, luego supe por qué, había mencionado el nombre equivocado. Ishikan era perseguido por su propia gente.
El maestro y Asoka fueron a averiguar sobre el asunto.
Mientras yo aproveché para descansar en la playa hasta que llegara Kaleen. El planeta era muy diferente a otros en los que habíamos estado, los enormes árboles ofrecían de refugio a los wookies que habitaban en sus diferentes niveles, en plataformas enormes que habían fabricado entre los gigantescos troncos. Respiré profundamente ese aire puro. Al menos estar en esa misión iba a servirme para conocer muchos planetas. Me quedé pensando en lo que había estado hablando con Lo en la nave antes de llegar allí.
“Esos droides starfighter son hermosos, ojalá algún día pudiera apropiarme de uno, no, creo que prefiero construir uno yo misma. Era lógico, no podía convertir mi caza en un artefacto similar, eran dos cosas diferentes. El caza lo conducía un piloto, al droide lo manejaban desde una computadora central. Pero ambos tenían un problema, en el primer caso el piloto podía morir, en el segundo solo se perdería dinero y no una vida, era muy conveniente. Pero el segundo caso tenía otro problema ¿qué pasaría si alguien con un poder como el mío tomara el control de esa computadora central? Un ejército de droides starfighter… Bueno, soñar es gratis.”
Lo que más me sorprendió de lo que me dijo Lo era que los que construían ese tipo de tecnología tenían una religión propia basada en construir droides, me hubiera gustado pertenecer a ella.
“Pero toda religión puede llevar a una persona más poderosa a dominar a los que creen en ella… Eso no está tan bueno…Me pregunto además por qué de repente a Lo empezaron a interesarle tanto las máquinas…”
El sonido de las motos acercándose me trajo de nuevo a la realidad, era Kaleen que venía por mí. Subí con él y le pedí que me llevara a la nave. La situación no era la mejor y teníamos que estar listos por si acaso. Habíamos logrado ocultar la nave entre los árboles y la habíamos sujetado muy bien con unas lianas, pero fue demasiado. Cuando llegué no podía desarmar los nudos y para colmo las lianas eran irrompibles, ni con el sable de luz era posible cortarlas. Solo dos personas sabían como desatarlos: Twigol, que no estaba, y Gormark que había acompañado a Asoka a hablar con el líder de su gente. Me senté de piernas cruzadas cerca de un nudo, con paciencia intenté desatarlo pero era una tarea imposible.
“Los chicos se fueron, seguramente Asoka se va a enfadar con ellos por haberlo hecho. Le dije que los dejara ir a todos pero no me escuchó, era obvio que iban a escaparse, no era fácil quedarse esperando en la nave, pero alguien tenía que hacerlo.”
En eso volvió Twigol e intentó explicarme como desatar los nudos, no le entendía lo que me quería decir, evidentemente los nudos no son lo mío. Volvió a explicarme una y otra vez, lo volví loco, hasta que por fin comprendí. Los nudos estaban tensos y era imposible desatarlos así, pero si eliminábamos esa tensión el problema estaba solucionado.
“Podrías haberme dicho que levantara la nave” le dije a Twigol, pero también era cierto que así no hubiera aprendido nada.
Le avisé al maestro que ya tenía lista la nave por si acaso. Me dijo que habían encontrado a Ishikan, en el medio de otra batalla entre wookies y una raza de reptiles. Me pregunté si ellos también venían con los Venators.
Moví la nave hasta ellos para ayudarlos. Tomé el control de una de las naves de los reptiles y les disparé con sus propias armas, pero en un momento dejaron de obedecerme, creo que eso fue después de que avisé que cortaría el oxígeno que llegaba a la cabina. Hubo una explosión y perdí el contacto, había sentido que también explotaba mi cerebro.
“Auch! Eso dolió!”
El causante había sido Ishikan, que se escapó de la nave en el último segundo haciéndola estallar en pedazos. Cuando cayó a tierra uno de los wookies se enfrentó a él, tenía una cicatriz en el rostro, la marca fehaciente de la locura de Ishikan, según habían dicho sus propios compañeros.
Ambos lucharon en una batalla a muerte pero el vencedor fue Ishikan. Asoka le pidió a su contrincante que dijera la verdad, no le cerraba en lo más mínimo la historia que le habían contado. Según Gormark Ishikan no era culpable, jamás hubiera usado las garras para herir así a uno de los suyos.
El maestro Escipión estuvo de acuerdo con él, pero como el wookie no parecía querer decir la verdad lo obligó. Ishikan resultó ser inocente. Era verdad que había estado borracho y que había peleado con él, pero la marca de la garra en el rostro se la había hecho él mismo para inculparlo.
Ahora debíamos esperar el juicio, todos fueron hasta el pueblo de los wookies y notaron que habían caído en una trampa, la batalla en esa playa solo había sido un cebo. El pueblo había sufrido un ataque, por supuesto las mujeres wookie, que eran las que habían permanecido en sus casas, se habían defendido y no habían sufrido demasiadas bajas.
“Bueno, si hay que esperar veamos que tipo de tecnología usan nuestros nuevos amigos”
jueves, 16 de julio de 2009
martes, 7 de julio de 2009
Pasado y presente (Faith)
Cuando la nave despegó del que había sido mi planeta me quedé mirando desde la cabina, hasta que desapareció. Atrás quedaba mi vida como la conocía hasta entonces. Estábamos en la nave que nos llevaría a otro planeta, uno desconocido para mí, muy lejos. El espacio era negro, lleno de estrellas, jamás había visto el cielo negro, para mí el cielo siempre había sido azul.
-Pensé que el cielo era azul…
-Tienes muchas cosas que aprender niña. El cielo es azul solo porque hay un sol cuyos rayos se reflejan en la atmósfera y le dan ese color.
-¿Atmósfera?
En ese momento la nave se sacudió. Mi maestro miró los controles, no parecía haber nada extraño en el radar. Su semblante parecía preocupado. Vi que cerró los ojos y se concentró. Había algo que no estaba bien… pero creo que él aún no sabía lo que era.
-¿Qué sucede maestro?
Él no me respondió y yo me dirigí hacia los controles de la nave. Cuando toqué el panel del control de mando sentí algo que hasta el momento no había sentido nunca, creo que pude distinguir toda la estructura de la nave, la vi como si fuera un mapa de luz, todos los circuitos, los cables, toda su composición… pero había un sector que no brillaba. Entonces me imaginé ese sector iluminado, como el resto de la nave, y las sacudidas cesaron de repente.
-Faith, no debes hacer eso nunca más.
-¿Por qué maestro?
-Porque ese poder está prohibido por la Orden.
Tenía siete años, y no volví a utilizar ese poder hasta pasado mucho tiempo.
Mi maestro me explicó por primera vez lo que era la Fuerza, después de ese incidente.
Estábamos entrenando en Coruscant, confieso que al principio lo odié. Había vivido en un planeta lleno de vegetación, la tecnología allí era inexistente, y pasar a vivir en un lugar donde no había un árbol me ponía muy mal. Mi maestro lo sabía, y por eso me tuvo mucha paciencia al principio. Con el correr de los días me fui acostumbrando, supongo que al principio le tenía algo de miedo a las máquinas, que irónico, no pasó mucho tiempo hasta que empecé a amarlas.
Los primeros meses fueron difíciles, extrañaba mucho a mis padres y aunque mi maestro era amable conmigo eso no me alcanzaba. Llegó un día en que me resigné. Mi maestro me había dicho que la Fuerza nos guiaba por caminos que nosotros mismos no entendíamos, pero que si así era su voluntad poco podíamos hacer por contradecirla. Quizás ese era mi destino.
Recuerdo que lo primero que reparé fue la computadora del maestro. Tenía una pequeña computadora portátil que llevaba siempre con él y que a pesar de desentonar con la tecnología del momento era útil todavía.
Mi maestro estaba muy enfadado, tenía que enviar un mensaje que parecía importante y la máquina no le obedecía.
-¿Puedo verla maestro?- le pregunté.
Él me la entregó y esperó pacientemente. Enseguida pude dar con el problema, fue fácil, solo tuve que ajustar unos archivos del sistema y la computadora volvió a funcionar correctamente. No fue como aquella vez, no utilicé la Fuerza para hacerlo.
-Listo, ya funciona.
Mi maestro me miró sorprendido.
-Los niños siempre tienen más afinidad con estas cosas…- me sonrió. Su rostro lleno de arrugas y su barba blanca me hacían recordar a la historia que me contaban mis padres sobre Santa Claus, un anciano que se colaba por las chimeneas el día de navidad y entregaba regalos a los niños buenos.
Me costaba horrores relacionarme con otras personas que no fueran mi maestro, se lo atribuyo a que desde pequeña solamente había conocido a mis padres, vivíamos muy lejos de las otras cabañas y no tenía amigos. Siempre me fue muy difícil hablar con otros niños, y creo que mi forma de ser los alejaba. Así fue como comencé a relacionarme con los droides.
-Hola maestro. Hola R2- mi maestro tenía un droide que usaba para pilotear su caza. Aunque nunca me hubiera imaginado a mi maestro piloteando, sabía que no salía sin su R2 en sus misiones. El droide me saludó y yo lo entendí, aún no sabía cómo pero entendía básicamente lo que quería decirme.
-Faith, ¿haz hecho las tareas que te encomendé?
-Sí, maestro.
Jamás lo desobedecí, así como jamás había desobedecido a mis padres.
-Tengo un regalo para ti- me dijo.
-¿Hoy es navidad?- le pregunté.
-¿Navidad? ¿Qué es eso?
-Es una festividad en mi planeta.
-Tu planeta es muy extraño.
Corrió su capa y vi que junto a su sable de luz traía otro.
-Esto es para ti, a partir de hoy comenzaremos a practicar con el sable- dijo y me lo entregó.
Ese día estuvo explicándome las formas básicas, admito que al principio no le entendí mucho, pero me fascinó el sable desde que me lo entregó.
-Algún día deberás confeccionar tu propio sable.
-¿Cómo se construye un sable maestro?
-El sable es tu alma, solo eso debes saber por el momento.
El “Cuando seas mayor” y el “Solo eso debes saber por el momento” eran sus frases favoritas, pero no las mías. Fue mi maestro durante cinco años, tenía doce cuando él murió. Me había dicho que no debía temer a la muerte, porque después de un tiempo todos pasábamos a ser uno con la Fuerza, era parte del ciclo de la vida. Lo extrañé mucho, él había sido como el abuelo que nunca tuve, y mi maestro, que me enseñó todo lo que sabía.
Luego de eso me llevaron a una academia, fue donde conocí a los padawan con los que estuve hasta formar parte de la tripulación de Maetel. A veces entrenaba con ellos, pero la mayoría de las veces entrenaba sola. Ellos eran un grupo bastante unido, pero yo no lograba integrarme, quizás porque estaba demasiado acostumbrada a estar entrenando sola con mi maestro.
Pero lo realmente importante, lo aprendí con el maestro Escipión. Él jamás me dijo que no usara mis poderes, además ya no había Orden para prohibirnos nada, aunque él no estaba de acuerdo con muchas cosas de las que opinaba la Orden. Tecnosincronización, ese era el nombre de mi poder y en la nave comencé a experimentar con él. No tenía problemas en dominarlo, y me encantaba usarlo. A Asoka no le gustaba mucho, creo que tenía miedo de que pudiera hacer explotar la nave o algo así, eso me causaba risa. Yo sabía que eso no podía pasar, era consciente de mi poder y lo sabía usar bien. Supe por qué ese poder estaba prohibido, porque era un poder que usaban los sith. Pero mi maestro decía que eso no tenía nada que ver, que el lado oscuro era algo que todos teníamos que conocer, porque era la forma de no caer en él, y yo estaba de acuerdo. De hecho estaba de acuerdo con muchas de las cosas que decía. Muchas veces había que realizar acciones que nos acercaban al lado oscuro, pero si eso era para un bien mayor, para proteger a nuestros amigos, eso estaba bien. Había veces en que no había opción, o que cualquier opción llevaba al lado oscuro, eso lo aprendí con Hope. El día en la cueva del sith, cualquier opción me hubiera llevado a enfrentarme a él.
Escipión fue el que me ayudó a confeccionar mi sable de luz, y me dio un cristal de su propio sable para hacerlo. Él fue el que me mostró que había algo más que el lado luminoso de la Fuerza, el lado que no había que temer sino conocer. Él me enseñó que había veces en las que había que desobedecer, que había situaciones en las que tenía que decidir por mí misma, utilizar mi propio criterio, tanto que un día me dijo “Hace lo que quieras” y para mí eso era más valioso que cualquier otra cosa porque significaba que él confiaba en mí. Él me ayudó a dominar estas visiones que tengo, este poder arcano que hace milenios que nadie usaba. Él me nombró caballero jedi, luego de que superé la última prueba: desobedecerlo.
Gracias maestro, sé que soy muy joven, y quizás me equivoque muchas veces, pero aún así sé que voy a hacer todo para proteger a mis amigos, así como lo hizo Kaleen, que arriesgó su propia vida para ayudarnos a todos. Gracias por su confianza, por hacerme saber que siempre va a estar ahí para ayudarme cuando lo necesite y gracias por ese discurso, fue muy emotivo, no podría haber pedido más.
-Pensé que el cielo era azul…
-Tienes muchas cosas que aprender niña. El cielo es azul solo porque hay un sol cuyos rayos se reflejan en la atmósfera y le dan ese color.
-¿Atmósfera?
En ese momento la nave se sacudió. Mi maestro miró los controles, no parecía haber nada extraño en el radar. Su semblante parecía preocupado. Vi que cerró los ojos y se concentró. Había algo que no estaba bien… pero creo que él aún no sabía lo que era.
-¿Qué sucede maestro?
Él no me respondió y yo me dirigí hacia los controles de la nave. Cuando toqué el panel del control de mando sentí algo que hasta el momento no había sentido nunca, creo que pude distinguir toda la estructura de la nave, la vi como si fuera un mapa de luz, todos los circuitos, los cables, toda su composición… pero había un sector que no brillaba. Entonces me imaginé ese sector iluminado, como el resto de la nave, y las sacudidas cesaron de repente.
-Faith, no debes hacer eso nunca más.
-¿Por qué maestro?
-Porque ese poder está prohibido por la Orden.
Tenía siete años, y no volví a utilizar ese poder hasta pasado mucho tiempo.
Mi maestro me explicó por primera vez lo que era la Fuerza, después de ese incidente.
Estábamos entrenando en Coruscant, confieso que al principio lo odié. Había vivido en un planeta lleno de vegetación, la tecnología allí era inexistente, y pasar a vivir en un lugar donde no había un árbol me ponía muy mal. Mi maestro lo sabía, y por eso me tuvo mucha paciencia al principio. Con el correr de los días me fui acostumbrando, supongo que al principio le tenía algo de miedo a las máquinas, que irónico, no pasó mucho tiempo hasta que empecé a amarlas.
Los primeros meses fueron difíciles, extrañaba mucho a mis padres y aunque mi maestro era amable conmigo eso no me alcanzaba. Llegó un día en que me resigné. Mi maestro me había dicho que la Fuerza nos guiaba por caminos que nosotros mismos no entendíamos, pero que si así era su voluntad poco podíamos hacer por contradecirla. Quizás ese era mi destino.
Recuerdo que lo primero que reparé fue la computadora del maestro. Tenía una pequeña computadora portátil que llevaba siempre con él y que a pesar de desentonar con la tecnología del momento era útil todavía.
Mi maestro estaba muy enfadado, tenía que enviar un mensaje que parecía importante y la máquina no le obedecía.
-¿Puedo verla maestro?- le pregunté.
Él me la entregó y esperó pacientemente. Enseguida pude dar con el problema, fue fácil, solo tuve que ajustar unos archivos del sistema y la computadora volvió a funcionar correctamente. No fue como aquella vez, no utilicé la Fuerza para hacerlo.
-Listo, ya funciona.
Mi maestro me miró sorprendido.
-Los niños siempre tienen más afinidad con estas cosas…- me sonrió. Su rostro lleno de arrugas y su barba blanca me hacían recordar a la historia que me contaban mis padres sobre Santa Claus, un anciano que se colaba por las chimeneas el día de navidad y entregaba regalos a los niños buenos.
Me costaba horrores relacionarme con otras personas que no fueran mi maestro, se lo atribuyo a que desde pequeña solamente había conocido a mis padres, vivíamos muy lejos de las otras cabañas y no tenía amigos. Siempre me fue muy difícil hablar con otros niños, y creo que mi forma de ser los alejaba. Así fue como comencé a relacionarme con los droides.
-Hola maestro. Hola R2- mi maestro tenía un droide que usaba para pilotear su caza. Aunque nunca me hubiera imaginado a mi maestro piloteando, sabía que no salía sin su R2 en sus misiones. El droide me saludó y yo lo entendí, aún no sabía cómo pero entendía básicamente lo que quería decirme.
-Faith, ¿haz hecho las tareas que te encomendé?
-Sí, maestro.
Jamás lo desobedecí, así como jamás había desobedecido a mis padres.
-Tengo un regalo para ti- me dijo.
-¿Hoy es navidad?- le pregunté.
-¿Navidad? ¿Qué es eso?
-Es una festividad en mi planeta.
-Tu planeta es muy extraño.
Corrió su capa y vi que junto a su sable de luz traía otro.
-Esto es para ti, a partir de hoy comenzaremos a practicar con el sable- dijo y me lo entregó.
Ese día estuvo explicándome las formas básicas, admito que al principio no le entendí mucho, pero me fascinó el sable desde que me lo entregó.
-Algún día deberás confeccionar tu propio sable.
-¿Cómo se construye un sable maestro?
-El sable es tu alma, solo eso debes saber por el momento.
El “Cuando seas mayor” y el “Solo eso debes saber por el momento” eran sus frases favoritas, pero no las mías. Fue mi maestro durante cinco años, tenía doce cuando él murió. Me había dicho que no debía temer a la muerte, porque después de un tiempo todos pasábamos a ser uno con la Fuerza, era parte del ciclo de la vida. Lo extrañé mucho, él había sido como el abuelo que nunca tuve, y mi maestro, que me enseñó todo lo que sabía.
Luego de eso me llevaron a una academia, fue donde conocí a los padawan con los que estuve hasta formar parte de la tripulación de Maetel. A veces entrenaba con ellos, pero la mayoría de las veces entrenaba sola. Ellos eran un grupo bastante unido, pero yo no lograba integrarme, quizás porque estaba demasiado acostumbrada a estar entrenando sola con mi maestro.
Pero lo realmente importante, lo aprendí con el maestro Escipión. Él jamás me dijo que no usara mis poderes, además ya no había Orden para prohibirnos nada, aunque él no estaba de acuerdo con muchas cosas de las que opinaba la Orden. Tecnosincronización, ese era el nombre de mi poder y en la nave comencé a experimentar con él. No tenía problemas en dominarlo, y me encantaba usarlo. A Asoka no le gustaba mucho, creo que tenía miedo de que pudiera hacer explotar la nave o algo así, eso me causaba risa. Yo sabía que eso no podía pasar, era consciente de mi poder y lo sabía usar bien. Supe por qué ese poder estaba prohibido, porque era un poder que usaban los sith. Pero mi maestro decía que eso no tenía nada que ver, que el lado oscuro era algo que todos teníamos que conocer, porque era la forma de no caer en él, y yo estaba de acuerdo. De hecho estaba de acuerdo con muchas de las cosas que decía. Muchas veces había que realizar acciones que nos acercaban al lado oscuro, pero si eso era para un bien mayor, para proteger a nuestros amigos, eso estaba bien. Había veces en que no había opción, o que cualquier opción llevaba al lado oscuro, eso lo aprendí con Hope. El día en la cueva del sith, cualquier opción me hubiera llevado a enfrentarme a él.
Escipión fue el que me ayudó a confeccionar mi sable de luz, y me dio un cristal de su propio sable para hacerlo. Él fue el que me mostró que había algo más que el lado luminoso de la Fuerza, el lado que no había que temer sino conocer. Él me enseñó que había veces en las que había que desobedecer, que había situaciones en las que tenía que decidir por mí misma, utilizar mi propio criterio, tanto que un día me dijo “Hace lo que quieras” y para mí eso era más valioso que cualquier otra cosa porque significaba que él confiaba en mí. Él me ayudó a dominar estas visiones que tengo, este poder arcano que hace milenios que nadie usaba. Él me nombró caballero jedi, luego de que superé la última prueba: desobedecerlo.
Gracias maestro, sé que soy muy joven, y quizás me equivoque muchas veces, pero aún así sé que voy a hacer todo para proteger a mis amigos, así como lo hizo Kaleen, que arriesgó su propia vida para ayudarnos a todos. Gracias por su confianza, por hacerme saber que siempre va a estar ahí para ayudarme cuando lo necesite y gracias por ese discurso, fue muy emotivo, no podría haber pedido más.
viernes, 3 de julio de 2009
Decisión
¿Cómo que el planeta no estaba donde debía estar? Eso no podía ser… Envié mis sentidos a través del espacio, el planeta estaba allí. Pero veíamos una imagen justo enfrente de nuestra ruta, un holograma o ilusión demasiado poderoso como para que lo hiciera cualquiera. Además nuestro piloto tenía la mente confundida y pedía ayuda a gritos. El maestro tuvo que sacarlo de los controles y tomar el mando de la nave.
-El planeta está donde debe estar, es una ilusión- les dije a todos. Un campo magnético muy poderoso nos rodeaba y provocaba esa imagen. Decidí que era hora de disiparlo y lo conseguí expandiendo la Fuerza a través de la nave y de allí hacia el exterior.
Entonces se presentó la siguiente pregunta, alguien necesitaba ayuda en Tatooine, alguien nos pedía desesperadamente que lo ayudemos, y era tan poderoso como para rodear nuestra nave con un campo magnético y hacernos ver algo que no era. ¿Iríamos a ver quién era, a adivinar quién era? ¿O seguiríamos nuestra ruta?
El maestro pidió una votación democrática y así fue, ganó la mayoría, tendríamos que bajar. Ni el maestro Asoka, ni mi maestro, ni el wookie, ni yo estábamos de acuerdo, pero sí los demás.
Bajamos al planeta y mientras algunos iban a investigar, o esperar que nos contactaran, otros buscábamos algo con qué entretenernos. Yo encontré algo muy interesante, una nave enorme, en medio de un cementerio de chatarra. Le dije a R2 que buscara cosas útiles y mientras trepé la pila de escombros para tocar los restos de la nave. Enseguida tuve una visión. Estaba en medio del desierto, y veía venir una caravana, de repente el cielo se oscureció y una enorme nave cayó a pocos metros de mí. Era esa nave, el momento en que había caído del cielo. Ahora alrededor había toda una ciudad. Seguramente había sido hace mucho tiempo. Pero lo más importante de todo eso era que había logrado “volver” de la visión. Me había costado, y mucho, pero logré salir sin ayuda de mi maestro. Fue un gran avance para mí.
Dimos por fin con el ser que nos había contactado, estaba en una cueva, detrás de un enorme monstruo. No podíamos comunicarnos con él mediante palabras, pero se hacía entender, tenía la forma de un cerebro gigante y nos comunicó que le faltaba su “otra mitad” todos vimos algo distinto, yo vi una araña de metal. Nos condujo hasta un grupo de ladrones que supuestamente tenían lo que buscaba.
Sentí que estábamos perdiendo el tiempo, teníamos otras prioridades y ese ser nos había usado como quería, estaba tan enfadada y aburrida que cuando llegamos al vehículo de los ladrones tomé el control y lo hice dar vueltas y vueltas sin parar.
Al fin logramos encontrar el módulo mecánico que usaba nuestro nuevo amigo el cerebro para movilizarse. Pero lo peor fue que aún no quería que nos fuéramos. Nos mostró un lugar, una especie de refugio subterráneo debajo de la montaña, teníamos que ir allí, supuestamente había un foco del lado oscuro.
Otra vez a seguir perdiendo tiempo cuando nos esperaban en nuestra nave y ya habíamos tardado en esa misión mucho más de lo planeado y aún no habíamos siquiera llevado al wookie con su jefe para que pudiera rescatar a sus aliados del planeta de los ewoks. Creo que mi maestro se sentía igual, me parece que no iba a dejar que decidiéramos otra vez en forma democrática…
Entramos al lugar señalado por nuestro amigo y estaba lleno de droides, toqué la pared y sentí el tendido eléctrico para confeccionar un mapa del lugar. Mientras el maestro Asoka y Kaleen entraban por el frente, mi maestro y yo fuimos por el costado. Electrocuté a varios droides canalizando la fuerza a través del sistema eléctrico. Pero no terminaba allí la travesía, había que bajar. El lugar era un laberinto lleno de droides y allí no había cables, era todo de roca. Igualmente pude hacer algo que hacía bastante que quería probar, apoderarme de esos droides para nosotros. Realmente mi conexión con las máquinas era muy útil en ese momento. Me quedé con varios droides y los hice que disparen contra sus propios compañeros. Los reprogramé para que no se dispararan entre los que ya había tomado el control. Fue muy divertido. Creo que hasta mi maestro se sorprendió de mi nueva habilidad.
Pero la diversión no duró mucho, los droides comenzaron a herirnos, y al llegar frente a su líder supimos que era el hombre que había dejado escapar el maestro Asoka el día que rescatamos a los padawans de la nave. Algunos droidecas nos rodearon y él nos dijo que sería mejor que nos fuéramos de allí lo antes posible. El foco de lado oscuro que sentíamos era de un sith muy poderoso. Él nos daba la oportunidad de escapar sino queríamos morir al enfrentarlo.
La decisión fue huir. Pero antes de llegar a la puerta el maestro Asoka retrocedió. No podía dejar un foco del lado oscuro allí, ni en ningún otro sitio. Mi maestro me dijo que podía irme, no iba a hacerlo, los droides adentro se reagrupaban para buscarnos. Reprogramé el último droide y le di la orden de que condujera al resto hasta “los fugitivos” en la otra punta de la construcción. Al menos no nos enfrentaríamos a los droides y llegaríamos indemnes a luchar con ese sith tan poderoso como afirmaba su súbdito. Si todos ellos iban a morir allí yo también iba a hacerlo. Después de todo ellos eran mi familia ahora.
-El planeta está donde debe estar, es una ilusión- les dije a todos. Un campo magnético muy poderoso nos rodeaba y provocaba esa imagen. Decidí que era hora de disiparlo y lo conseguí expandiendo la Fuerza a través de la nave y de allí hacia el exterior.
Entonces se presentó la siguiente pregunta, alguien necesitaba ayuda en Tatooine, alguien nos pedía desesperadamente que lo ayudemos, y era tan poderoso como para rodear nuestra nave con un campo magnético y hacernos ver algo que no era. ¿Iríamos a ver quién era, a adivinar quién era? ¿O seguiríamos nuestra ruta?
El maestro pidió una votación democrática y así fue, ganó la mayoría, tendríamos que bajar. Ni el maestro Asoka, ni mi maestro, ni el wookie, ni yo estábamos de acuerdo, pero sí los demás.
Bajamos al planeta y mientras algunos iban a investigar, o esperar que nos contactaran, otros buscábamos algo con qué entretenernos. Yo encontré algo muy interesante, una nave enorme, en medio de un cementerio de chatarra. Le dije a R2 que buscara cosas útiles y mientras trepé la pila de escombros para tocar los restos de la nave. Enseguida tuve una visión. Estaba en medio del desierto, y veía venir una caravana, de repente el cielo se oscureció y una enorme nave cayó a pocos metros de mí. Era esa nave, el momento en que había caído del cielo. Ahora alrededor había toda una ciudad. Seguramente había sido hace mucho tiempo. Pero lo más importante de todo eso era que había logrado “volver” de la visión. Me había costado, y mucho, pero logré salir sin ayuda de mi maestro. Fue un gran avance para mí.
Dimos por fin con el ser que nos había contactado, estaba en una cueva, detrás de un enorme monstruo. No podíamos comunicarnos con él mediante palabras, pero se hacía entender, tenía la forma de un cerebro gigante y nos comunicó que le faltaba su “otra mitad” todos vimos algo distinto, yo vi una araña de metal. Nos condujo hasta un grupo de ladrones que supuestamente tenían lo que buscaba.
Sentí que estábamos perdiendo el tiempo, teníamos otras prioridades y ese ser nos había usado como quería, estaba tan enfadada y aburrida que cuando llegamos al vehículo de los ladrones tomé el control y lo hice dar vueltas y vueltas sin parar.
Al fin logramos encontrar el módulo mecánico que usaba nuestro nuevo amigo el cerebro para movilizarse. Pero lo peor fue que aún no quería que nos fuéramos. Nos mostró un lugar, una especie de refugio subterráneo debajo de la montaña, teníamos que ir allí, supuestamente había un foco del lado oscuro.
Otra vez a seguir perdiendo tiempo cuando nos esperaban en nuestra nave y ya habíamos tardado en esa misión mucho más de lo planeado y aún no habíamos siquiera llevado al wookie con su jefe para que pudiera rescatar a sus aliados del planeta de los ewoks. Creo que mi maestro se sentía igual, me parece que no iba a dejar que decidiéramos otra vez en forma democrática…
Entramos al lugar señalado por nuestro amigo y estaba lleno de droides, toqué la pared y sentí el tendido eléctrico para confeccionar un mapa del lugar. Mientras el maestro Asoka y Kaleen entraban por el frente, mi maestro y yo fuimos por el costado. Electrocuté a varios droides canalizando la fuerza a través del sistema eléctrico. Pero no terminaba allí la travesía, había que bajar. El lugar era un laberinto lleno de droides y allí no había cables, era todo de roca. Igualmente pude hacer algo que hacía bastante que quería probar, apoderarme de esos droides para nosotros. Realmente mi conexión con las máquinas era muy útil en ese momento. Me quedé con varios droides y los hice que disparen contra sus propios compañeros. Los reprogramé para que no se dispararan entre los que ya había tomado el control. Fue muy divertido. Creo que hasta mi maestro se sorprendió de mi nueva habilidad.
Pero la diversión no duró mucho, los droides comenzaron a herirnos, y al llegar frente a su líder supimos que era el hombre que había dejado escapar el maestro Asoka el día que rescatamos a los padawans de la nave. Algunos droidecas nos rodearon y él nos dijo que sería mejor que nos fuéramos de allí lo antes posible. El foco de lado oscuro que sentíamos era de un sith muy poderoso. Él nos daba la oportunidad de escapar sino queríamos morir al enfrentarlo.
La decisión fue huir. Pero antes de llegar a la puerta el maestro Asoka retrocedió. No podía dejar un foco del lado oscuro allí, ni en ningún otro sitio. Mi maestro me dijo que podía irme, no iba a hacerlo, los droides adentro se reagrupaban para buscarnos. Reprogramé el último droide y le di la orden de que condujera al resto hasta “los fugitivos” en la otra punta de la construcción. Al menos no nos enfrentaríamos a los droides y llegaríamos indemnes a luchar con ese sith tan poderoso como afirmaba su súbdito. Si todos ellos iban a morir allí yo también iba a hacerlo. Después de todo ellos eran mi familia ahora.
miércoles, 1 de julio de 2009
La educación de Asoka
Primeros entrenamientos con Depa: Filosofía de Chalacta; Ocultismo
Asoka, es importante que respetes tu nutrición, tus ejercicios físicos, tu entrenamiento básico. Pero también que estudies. Es importante que puedas decidir de forma inteligente, que estés capacitado para cuando la situación lo amerite. Recuerda: nosotros nos guiamos por un dogma que nos enlaza al Universo. Cada movimiento del cosmos, resuena con nosotros a través de la Fuerza. Y es necesidad nuestra que la Fuerza resuene con todos. ¿Por qué te digo todo esto, pequeño? Porque todo lo que no te pueda enseñar, serán cosas que te falten mañana, y aquello que no pueda enseñarte, tendrás que desarrollarlo por tu cuenta. Entonces, es importante que tu mente siempre este preparada para todo.
Palabras de Depa
Lo que más recuerdo de las clases con Depa fue el extenso tiempo que pasó enseñándome la cultura de mi pueblo. Con el tiempo descubrí que todos los estudiantes van a un Templo a aprender en conjunto hasta que los selecciona un maestro o caballero jedi que regula específicamente su educación. En mi caso, Depa se opuso a llevarme a un templo, dada su influencia en el Concilio Jedi, no tuvo problemas para lograrlo.
El entrenamiento con Depa hizo eje en varios principios: el desarrollo, la instrucción básica y la filosofía. No duró demasiado, es cierto, sólo fueron dos años casi, pero valió la pena cada momento. La filosofía de mi pueblo es harto complicada, con distintos mundos, obligaciones y concepciones. Los Adeptos creen que el Universo tiene una forma de funcionar y que las personas que moran en él deben moverse por los mismos principios. El dogma jedi habla de fluir a través de la Fuerza, así que varios puntos de contacto existen entre ambas doctrinas. Con Depa pasé mucho tiempo entrenando mi cuerpo, con variados ejercicios físicos aptos para desarrollar una buena masa muscular y una envidiable resistencia física y mental, además de una coordinación motriz del más alto grado. Y entrené por primera vez con un sable de luz.
A nivel mental, Depa fue un poco más oscura. Sus preceptos para desarrollar mi voluntad consistían en ilusiones, trucos mentales y distintas pruebas bastante difíciles, algunas medianamente crueles, para poder forjar una capacidad de resistencia mental a todo. Incluso a la tentación del Lado Oscuro. Fueron momentos difíciles estos, pero entendí que Depa lo hacía por mi bien, prefería que estuviera preparado para lo peor que tener un estudiante complaciente que esperara todo en bandeja.
Igualmente, lo que más recuerdo con ella eran las largas charlas de religión y mitología del cosmos. Ella sostenía que cada pueblo gráfica a la Fuerza mediante sus mitos y sus dioses, y que sólo la comunión con ellos es el principio del camino de la Fuerza. Y que no sólo debíamos aprender de sus mitos para lograr una mejor conexión con el Cosmos, sino que también debíamos que aprender de sus doctrinas místicas, incluso las más oscuras, para poder notar la influencia del Lado Oscuro o del Lado Luminoso en sus postulados. Toda esta parafernalia, Za'i se encargaría de llevarla a niveles aún mayores de comprensión. Ese era el eje que las había hecho grandes amigas.
Primeros entrenamientos con Za'i: Esoterismo, textos perdidos jedi; entendimiento de la Fuerza
Bueno, pequeño, esto no será sencillo. En Alpheridies tus ojos no te servirán para nada, así que deberás aprender a guiarte por la Fuerza. Por tu intuición. Por tus sentidos. Deberás cerrar los ojos para poder ver. Y empezar a dejar que la Fuerza te llevé. A fluir con ella. Los ojos son solo el primer paso. El no ver te permitirá realmente ver, entender que el camino es solo una ilusión de tu mente. Y que sólo existe la Fuerza, y debes lograr estar en armonía con ella, para poder leer sus designios. Una vez que logres trascender la ilusión del mundo, sobresalir entre la vida mundana, entender los designios de la Fuerza, realmente obtendrás tu lugar en el Universo.
Ya has aprendido a ver a través de la Fuerza. A sentir el flujo del Universo en todas las cosas. Cada paso que das en este camino, acarrea nuevas dificultades y responsabilidades. Empiezas a sentir la mente de los seres vivos, como ya puedes percibir su cuerpo físico. Luego, empezarás a sentir sus almas, como resuenan y se nutren de la Fuerza. Luego verás sus sombras, y por último sus verdaderas esencias, el ser primigenio que trasciende los distintos cuerpos adquiridos a lo largo de sus vidas. Esas son las construcciones puras de la Fuerza. Ese es el eje del Cosmos. Y ese es el objetivo del verdadero estudio de la Fuerza. No te fíes nunca de nada. Todo es una trampa. Solo mantén tu objetivo en trascender. Pero no lo vuelvas nunca una obsesión. Cada paso de tu vida es uno de los incontables que debes dar. Aprende de cada enseñanza. Cada una de las vidas que has vivido es parte de ese camino. Siempre guíate por la Luz. Es la Fuerza la que iluminó a los Miraluka en Alpheridies. Es la Fuerza la que ilumina todos los senderos que debemos recorrer.
El Lado Oscuro es necesario. ¿Por qué? Porque cada jedi debe entender que el sendero no es fácil. Y que el mundo es sombrío y difícil. Que la vida fluye con la Fuerza pero es la Oscuridad la que busca disiparla. Nosotros somos garantes de la paz, de la justicia y de las buenas intenciones. ¿Te ríes? Claro. El mal es un elemento difícil de comprender, Asoka. El mal que ejecutan los seres vivos es grave, pero está representado por la moralidad de cada pueblo. Un asesino acaba con una vida: es malo sí, pero el Tiempo tiene más muertes. Pero mi buen estudiante, aquel que trasciende las reglas naturales es infinitamente más grave. Porque nuestra ética puede variar según las circunstancias, el Universo no. Y es por eso que es tan grave el lado oscuro. Porque su único fin es la desnaturalización de la Vida.
Palabras de Za’i
El deber que llamó a Depa me asignó a Za'i. Ella sí me llevo a un Templo común, pero era bastante poco el tiempo que compartía con los estudiantes. La mayoría del tiempo lo utilizábamos para entrenar. Za'i compartía los mismos postulados que Depa, lo cuál las había hecho amigas, del desarrollo físico, y también del desarrollo de la capacidad de pensar, de analizar, de tomar decisiones. Algo que citaba no era muy común en la Orden.
Pasé tiempo estudiando a su cultura, creo que no lo hizo para que aprendiera solamente de su pueblo, sino para poder apreciar cada raza en su magnitud, y no solamente en los detalles. Enseñaba que cada raza tiene miles de pequeños detalles, y que la única forma de comprender a cada raza es entendiendo cómo funcionan esos detalles. O al menos los que definen la personalidad común de la raza.
Pero no sólo eso: trabajamos mucho desde lo sensorial. Ver en Alpheridies era virtualmente imposible, el espectro lumínico de Aber (el sol), rojo intenso, prohibía el uso de la vista y utilizarla era desgastarla en exceso. Za'i decía que al perder su raza la vista, habían activado la Fuerza para compensar. Y que la ceguera, que realmente no era tal, les había permitido aprender la nula fiabilidad de los sentidos. Ella esgrimía que las personas solían confiar ciegamente en su vista y poco en su intuición, hecho que en mi corta experiencia con la vida pude apreciar que es así. Que los sentidos podían ser fácilmente engañados y que cada persona de la Galaxia, jedi o no, podía caer en trampas siempre y cuando sus sentidos les indicaran fiabilidad. Tomé estas enseñanzas como válidas, después de todo, mi cultura habla de un velo que tapa la realidad, y que nadie puede traspasarlo dado la condena que vivimos en el cuerpo material.
Toda esta terminología, que podrá parecer en extremo rara o de difícil comprensión, la adquirí mediante charlas de religión y ocultismo con mis maestras. Ambas creían fervientemente en los principios divinos y esotéricos de sus razas. Era bastante evidente que yo terminaría adquiriendo los mismos dogmas. En general, más allá de sus diferencias, la clave para entender esta conexión divina y trascendental es la Fuerza. Por eso largo tiempo con Za'i lo pasamos meditando, tratando de tocar y manejar y entender este elemento que es la Fuerza, que nos nuclea a todos, del que todos somos parte pero pocos pueden entender en su magnitud.
Al principio, me costó sobremanera seguirle el curso a las primeras clases de Za’i. Evidentemente sus ojos se habían perdido, pero su vista seguía clavada en las grandes evaluaciones de la existencia. Los primeros meses aprendí porque Depa la eligió a ella para ser mi maestra: su dedicación, buena predisposición, y la incontable capacidad de Za’i la catapultaban a un rango enorme. Ella nunca había trascendido en la Orden ni le interesaba. No solo el nombre no le importaba, sino que dudosamente le hubiera importado salir de su planeta. Pasábamos horas estudiando antiguos textos jedis en el Templo. Veía a los otros chicos entrenar largo y tendido, y pensaba cuándo me iba a tocar a mí. Yo quería mi sable de luz. Ella prefería que entrenara mi cuerpo pero que cultivara mi mente. Con el tiempo, empecé a entender el dogma de Za’i y mi propia filosofía natal, y contrario a mis primeras impresiones, congeniaban bastante. Fui preparando mi mente y empecé a llenarla con conocimiento muy antiguo: el Templo atesoraba volúmenes ancestrales que mi maestra afirmaba que en el gran archivo de Coruscant eran solo parte de bases de datos que nadie consultaba. Había miles de secretos, formas de entender como fluía la fuerza, el valor de los sables de luz, el viejo código antes de la reforma que le hizo Odan-Urr. Todo ese conocimiento, Za’i solo tomó lo básico y todo lo demás lo pasamos estudiando mitos, religiones, doctrinas. Según ella, la única forma de entender a la Fuerza era viendo como cada raza la entendía, como la enfocaba. Y de esa forma, con esos principios, guiar a cada uno de ellos por el sendero de la Luz.
Segundos entrenamientos con Za'i: Liberación de la Fuerza, comprensión del lado oscuro, estilo de Sable de Luz
Piensa, Asoka, piensa. Concibe la Fuerza en las formas que necesites. No te estanques solamente en poderes sencillos. Tu mente es poderosa. Tu conexión es fuerte. Relájate. Deja el hálito vital fluir a través de todos tus puntos. Inhala. Exhala. Concéntrate. Siente. Controla. Altera. Libera el flujo de la Fuerza en formas que nadie entiende, pero que tu sí. Piensa en cada mito y leyenda, como manifestaban sus dones. Ellos te enseñan. Derrota al Lado Oscuro con ellos.
El Lado Oscuro es poderoso. Nunca se deshace ni nunca debe hacerlo. Algún día deberás lidiar con él. Y tendrás que aprender a respetarlo, nunca a temerle. La Fuerza te da la luz para superarlo. Y eso debes hacer. Destrúyelo donde more. Pero entiende que nunca va a ceder, hasta que realmente todas las razas entiendan su posición en el Universo y asciendan. Contrario a lo que la mayoría de la Orden piensa, no podemos subestimar el Lado Oscuro: su rol no es beneficioso, no podemos controlarlo, y si en algún momento nos supera, no dudará en destruirnos, aunque lo necesitamos para poder saber cuál es nuestro camino. Debes vencer al Lado Oscuro, Asoka. Pero entender que su presencia es necesaria. Sin él, quedaríamos tan ciegos en nuestra propia fuerza que creeríamos haberlo vencido, y seríamos débiles cuando su presencia se haga notar.
Mi estilo es defensivo. Quizás desees aprender a manejar el sable de una forma más combativa, más impresionante. Si por mí fuera, ni gastaría tiempo enseñándote a utilizarlo. Pero el sable es el arma de un caballero jedi. La forma en la que canaliza la Fuerza. La forma en la que resuena su espíritu. Es su arma y una proyección de su alma. Eso lo respeto. Quizás es que mi entrenamiento haya sido muy corto con él y le haya tomado algún encono. Fíjate en las posiciones de las piernas, la forma en la que tomas el sable, la guarda. Todos quieren atacar, pero nadie sabe defender. Es tu rol, Asoka, defender a los demás. Tienes la fuerza para hacerlo.
Palabras de Za’i
Los años siguientes fueron de desarrollo y perfeccionamiento. Za’i depositaba enormes esperanzas en mí y no pensaba fallar. Entendí toda su doctrina, y notaba que la Fuerza respondía ante mí. Mis primeros trucos solían funcionar de forma perfecta, aunque claro, costaba.
Indudablemente tampoco faltaron los estudios con el sable de luz, si bien Za'i no era una dotada, su estilo me agradó inmediatamente, claramente defensivo, a favor de los códigos de no violencia que mi raza pregona. Hubo mucho tiempo para ello. Mi entrenamiento con los demás chicos en el arte del sable fue bueno, les costaba romper mi defensa. No atacaba mucho, pero era efectivo a la hora de llevarlos a la batalla que me convenía. A la larga, todos me querían en su equipo.
Agradezco siempre que mi maestra miraluka tenía una forma didáctica de dar clases, utilizando todo recurso que podía en pos de una mejor comprensión. A veces volvíamos horas con los mismos principios, con la única finalidad de captar cada detalle y alteración de la técnica, cada sensación del poder o bien cada trampa en el sutil control de la Fuerza. Otras veces prefería soltarme solo frente a los obstáculos, y me recordaba que la Fuerza fluía en mí, que no la encasillara, que tratara de innovar a la hora de entenderla e invocarla.
Entender el Lado Oscuro sí me llevó mucho trabajo. Al principio no entendía la dualidad que mi maestra postulaba, pero luego comprendí sus palabras: hablaba de su necesidad como elemento de cuidado, como amenaza para mantenernos en constante vigilancia, en constante perfeccionamiento de nuestra capacidad y en la necesidad de ir llevando la Fuerza a todos para que ellos también pudieran ir venciéndolo y no caer en sus redes.
Primer encuentro con Benaar Kush: Desarrollo de la amistad
Tras un entrenamiento exitoso
Gracias por elegirme, por una vez pude vencer.
Por nada, cuando quieras.
¿Eres Asoka, no? Soy Benaar Kush.
Lo sé, entrenamos siempre. Nunca te habías fijado mucho, dije, con una sonrisa.
Ella rió. Parece que nos íbamos a llevar bien.
Después de Za’i, Benaar es la persona más importante para mí en Alpheridies. Es una joven miraluka, hermosa, dulce, elegante. Pero muchos no la aprecian. Dicen que no es buena con la Fuerza, ni con el Sable, ni la mejor en sus estudios. Hasta la fecha que escribo esto, es una de las pocas padawan que todavía no tiene maestro asignado. Es como si nadie la quisiera. Pasamos largas horas hablando, yo la ayudo con su entrenamiento. Pero ella parece preferir estar conmigo en vez de practicar. No me importa. Disfruto su compañía. Lástima que por la doctrina de la Orden, debo apagar toda sensación que pueda tener por ella. No obstante, Za’i me explicó que no debía negar las emociones, el negarlas solo nos conduce a quererlas. Hay que saber disfrutarlas, pero no perder el control por ellas. Es bueno amar, llorar, reír en exceso. Siempre y cuando no nublen tu sendero. Que no se vuelvan obsesiones. Que no te funden debilidades. El verdadero jedi se controla, no anula.
Segundo encuentro con Benaar: Beso, juramento
¿Lo juras?
Si, Benaar. Juro convertirme en un gran maestro para venirte a buscar y tomarte como padawan. No dejare que nadie te falte el respeto. Solo los tontos no saben notar lo que tienen delante de su vista. Tú eres demasiado buena como para que nadie te tome. Aparte, disfruto mucho de tu compañía.
Benaar solo sonrió y me tomó el rostro con sus manos. Me besó, muy apasionadamente. Deje ese estúpido control de mis emociones y le devolví el sentimiento. Mi corazón latía a miles de revoluciones, pero lo iba aplacando pensando en la vuelta.
Alejarme de Benaar representó un duro golpe y una excelente enseñanza. Fue duro, sí, pero me permitió aprender a controlar mis sentimientos, y a juzgar el valor de ellos y la influencia que pueden tener sobre la razón. Realmente son difíciles de mesurar. Me pasó algo similar cuando me enteré del destino de Depa. Y tuve que utilizar todo lo que Za’i me había enseñado: hay que dejar fluir la emoción, pero entender que ella es parte de un camino, que cada paso tiene obstáculos y momentos difíciles de sortear, pero una vez logrado, son alicientes para llegar al objetivo.
Tercer entrenamiento con Za'i en Coruscant: Preparación para la partida, cuidado de Depa
Vieja amiga, has caído al Lado Oscuro, pero has mostrado que tu espíritu fue más fuerte que el dolor. No importa. Tu alma reverbera con la Fuerza. Nuestro estudiante llevará nuestro legado. Así será. Ya lo verás, el te honrará como realmente lo mereces.
Palabras de Za’i
Adiós maestra. Ojala pueda salir del coma. Tu maestro me ha cedido tu cristal. Quisiera ser digno de decir que fui tu padawan. Caíste combatiendo contra la Oscuridad, pero tu persona siempre iluminará mi camino.
Mis palabras
Vamos Asoka, tenemos mucho que hacer. Aquí forjarás tu sable de luz y aprenderás de la Orden Jedi. Verás como fluye la Fuerza en este lugar, pero también el temor y la vida de miles de seres. Coruscant es enorme, está más allá de nuestros sueños, pero también de nuestras pesadillas. Aquí te convertirás en caballero. Aprovechemos el tiempo en los archivos: hay mucha información para aprender. El espíritu de Depa nos acompaña.
Palabras de Za’i
La caída de Depa nos dolió a ambos. Yo pensaba mucho en Benaar y Za’i aprovechaba para enseñarme muchas cosas más. Coruscant y su gente me deslumbraba. El Templo y los maestros también. Seguí con mi deseo de no utilizar mi vista: la Fuerza era mi referencia. Y mi maestra aprobaba. Los últimos entrenamientos fueron excelentes, y conocí mucha gente. Estaba listo para las pruebas cuando surgió la oportunidad de viajar. Za’i no quería, temía que esta guerra que se había iniciado fuera demasiado para mí. Pero me dejo ir. Apenas nos despedimos, ambos en lágrimas (después de todo, éramos como madre e hijo, una relación que los Jedis parecen no reconocer la del padawan y su maestro), me pidió que empezara mi nuevo entrenamiento aplacando el dolor. No lo hice. La emoción debe fluir, pero no cegarnos.
Recordamos a coro el código que profesábamos:
Emoción, pero Paz
Ignorancia, pero Conocimiento
Pasión, pero Serenidad
Caos, pero Armonía
Muerte, pero la Fuerza.
No negábamos cada tema, lo aceptábamos y buscábamos respetarlo, superarlo o dejarlo fluir. La Fuerza nos nutre de ellos, y su existencia, como la del Lado Oscuro, es necesaria.Ignorancia, pero Conocimiento
Pasión, pero Serenidad
Caos, pero Armonía
Muerte, pero la Fuerza.
No puedo decir que no extrañe a mis maestras. Ellas fueron el eje de mi vida, aunque en estos últimos meses pude poner en marcha casi todas sus enseñanzas. Lo más interesante del caso es que las enseñanzas de ambas que más aprecio hoy son aquellas relativas al trato, a la forma de ser, a cómo encarar distintos asuntos, a entender el sendero elegido y al deber que uno tiene. Y no tanto los poderes o los manejos con el sable de luz ni la política de la Orden.
El último dogma - Escritos de Asoka
Todas las razas sentientes que existen en la Galaxia fluyen a través de la Fuerza, como toda vida y toda materia. Pero cada parte del Cosmos tiene una forma distinta de nutrirse con ella. Las razas sintientes que han demostrado inteligencia se manifiestan en varias ramas que los componen. Es una tendencia muy tradicional en muchas razas creer que el Universo se compone únicamente por el cuerpo físico. El cuerpo físico es la parte más fácil de percibir de los distintos mundos, pero no solamente la única. Entre los demás cuerpos, existen varios, que no todas las cosas poseen, ni todas las razas manifiestan. Existe un cuerpo de esencia, un cuerpo de mente, un cuerpo de Voluntad, uno del alma y uno del Espíritu. Y existe la sombra. Pasaré a explicar cada uno de ellos.
El cuerpo de esencia es el único común a todas las cosas. Es la base primigenia de la Fuerza en su punto más primal. Es una energía que reviste a todo: les da forma a las cosas, nos da el hálito vital a las personas, la capacidad de reproducirnos, la vida y la composición. El simple movimiento de los átomos se produce por la energía de esta esencia que es la Fuerza en su composición más básica.
El cuerpo físico es la materia. Nuestro organismo, las plantas, las piedras, todo lo material tiene un cuerpo físico. Existen ciertas construcciones insustanciales, pero eso es porque existen criaturas que se nutren de su esencia sin necesitar generar materia. La Fuerza fluye por nuestros cuerpos físicos a través de la respiración y de canales, que en mi doctrina son los siete puntos de importancia del cuerpo. Obviamente, en otras razas fluye de forma distinta, pero más o menos se pueden encontrar similitudes en todas ellas.
El cuerpo de la Mente es lo que conforman los pensamientos e ideas de las personas. Representa el costado más lógico y racional de nuestro ser. Es el costado diríamos más científico de cada uno de nosotros, el que nos permite interactuar con el mundo de forma racional.
El cuerpo de la Voluntad consiste principalmente en la manifestación de la Fuerza que nos lleva a realizar nuestras decisiones, a luchar por ellas, a no dejarnos imponer. Este cuerpo es muy particular, cuesta mucho trabajarlo. No pertenece al plano de las ideas porque funciona en un nivel distinto: nos da energía extra para desarrollar las cosas que queremos. Este cuerpo está en directa conexión con la esencia, ergo, con la Fuerza.
El cuerpo del Alma es básicamente nuestro ser ahora. Nuestras sensaciones, pensamientos, gustos, y deseos particulares. Este fluye constantemente con el cuerpo de la Mente, por eso razonamos pero le aporta los deseos y gustos propios. Representa nuestro costado más sensible, nuestros gustos, placeres, las cosas que nos agradan y como las recibimos.
El cuerpo del Alma y el de la Mente se funden en un plano de la Fuerza muy particular, denominado Astral en algunas culturas. Esto es así: Toda idea y pensamiento, sueño, deseo, imagen, existen en este plano Astral. Los jedis pueden acceder a este plano y ver los pensamientos, ideas, etc. de las demás personas. Cada persona vibra en una forma particular en la Fuerza, dentro de la forma de resonar que tiene su especie. Así, se puede apreciar, enlazándose a este plano, como funciona el pensamiento de los otros y los propios. Nos permite indagar sobre nuestro ser, y entender mejor a los demás. Y aquí es donde fluye la acción y la no-acción. Estos conceptos funcionan juntos. Cada vez que optamos por hacer algo, decidimos hacerlo. Ejecutamos una acción. Pero esta acción responde a un pensamiento nuestro. Ahora bien, existen acciones que no pensamos y ejecutamos igual, como respirar. No estamos todo el tiempo pensando en respirar. Muchas reacciones se producen en forma de no-acción. También, todo lo que pensemos pero no hagamos es una no-acción. Todos nuestros deseos, fantasías y pensamientos que no ejecutemos son no-acción. Y estos pensamientos fluyen en el plano de las ideas. Y nuestras no-acciones, principalmente aquellas que encarnen maldad, atraen a la sombra, al Lado Oscuro. Pero aquellos que puedan leer esas no-acciones, encontrarán vulnerabilidad en nosotros. Ahí radica el verdadero control del Jedi: en la dificultad para coordinar sus acciones con sus pensamientos y fluir como uno solo sin dejar llevarse por la no-acción. A eso se refieren los maestros cuando dicen: "Ser, fluir, existir".
El cuerpo del Espíritu es el más difícil de comprender, porque representa lo que somos realmente a lo largo de todas las vidas que hemos tenido. Este concepto no se puede apreciar sino se entiende que no vivimos una sola vida sino infinitas hasta lograr salir de este ciclo y ser realmente uno con la Fuerza. En general, la gran mayoría de los jedis que entienden este principio logran, al concluir su dharma o deber, ser unos con la Fuerza y salir de este ciclo. Así, existen en su Espíritu, el eje de su persona a lo largo de todas las vidas, no de una sola. Eso es el verdadero espíritu, lo que realmente fuimos, somos y seremos, más allá de lo que encarnemos.
Por último, existe la Sombra. Cada ser que posea todos sus cuerpos, o bien la mayoría, vibra de una forma particular en la Fuerza. En general, todos los seres vibran en un balance especial en la Fuerza. Este balance existe entre la Luz y las Sombras. La Oscuridad también es parte de todos, porque incluso las razas más pacíficas son capaces de hacer el mal. El Lado Oscuro es parte de la Fuerza, solo que representa un caos primigenio encargado de destruir. Sería fantástico que todos resonemos en la Fuerza de forma luminosa, pero para eso cada raza debe crecer hasta poder hacerlo. Piensa así: Cada ciclo de la vida concluye con la muerte. No hay muerte, está la Fuerza. Eso lo decimos los jedis para que no teman, para asumir que la Fuerza nos dará una nueva oportunidad. Y así es. Pero el Lado Oscuro representa el costado más violento y antinatural de la Fuerza, aquel que busca sembrar su terror en todos. Es la concepción opuesta de la Luz, no de la Fuerza, es una parte de ella. La Luz crea, ilumina senderos para llevar paz y justicia. La Oscuridad repta y oblitera. Viven en ciclos constantes de creación y muerte. Son opuestos, pero se necesitan. Es por eso que todos tenemos una sombra: es la prueba que nos debe mantener fuertes por nuestro sendero. Esa sombra nos tienta, busca llevarnos al Lado Oscuro. Sólo podrás entender el Lado Oscuro una vez que te conectes con tu sombra, pero si la dejas vencer, te habrás ido al otro camino.
Como verás, los jedis fluimos en todos estos planos, y el entender la Fuerza es lo que nos permite alterar cada uno de ellos. Así, podemos alterar pensamientos, mejorar nuestro cuerpo físico, intuir, sentir ideas ajenas, mover objetos, controlar el clima. Son manifestaciones de nuestra comprensión de la Fuerza. Existen miles de forma, incluso existen razas que utilizan las mismas formas pero desarrollan otros poderes, que muchos llaman hechicería. Y no sólo eso: el fluir por la Fuerza, nos permite también fluir en los distintos elementos que son parte de ella, como el Tiempo y el Espacio. Es por eso que los jedis tienen visiones y pueden proyectar sus sentidos a la distancia. Cada poder es solo una forma de utilizar la Fuerza para nuestro provecho.
(escribió Draften)
viernes, 26 de junio de 2009
¿Qué es este poder?
¿Qué es este poder?
Todavía no logro entender bien, no solo cómo acceder a él, sino tampoco como controlarlo. Mi maestro dice que no voy a poder ser un caballero jedi hasta que no logre meditar sin cruzar la línea. El problema es que no sé dónde está esa línea.
La Fuerza me otorgó un poder demasiado grande. No solo puedo tener “visiones” sobre el pasado o el futuro, sino que puedo volver a acceder a ellas las veces que quiera. Ver hacia el pasado, eso sí que era extraño, pero ver el futuro, ese era un poder demasiado grande para mí. Ojalá estuvieran vivos mis padres, quizás ellos supieran por qué tengo este poder…
Ayer entrenamos con el maestro, primero debía tomar conciencia del entorno, luego de mi cuerpo y por último, sin saltear ningún paso, acceder a una de mis visiones. Decidí elegir el sueño que había tenido de los ewoks, nada de siths por ahora. Sí, parecía que ahora a las visiones les gustaba también aparecerse en mis sueños.
Pude ver con lujo de detalles como se vestían, tanto los guerreros que se parecían a Twigol como los más pequeños a los que protegían. Pude ver la vegetación, las montañas, los animales, todo bastante diferente a como estaba en la actualidad. El entrenamiento iba bien hasta que las imágenes comenzaron a pasar a través de mí muy rápido y una tras otra. Otra vez estaba teniendo problemas en dominarlo. Intenté concentrarme en mí, en el sable de luz que era lo que me ataba a mi mundo, a mi tiempo, pero no lograba salir. Escuché que mi maestro me decía: “Tranquila”.
La siguiente visión me mostró a unos troopers, con armaduras que no conocía y que conducían unos vehículos más modernos que aquellos que actualmente se comerciaban en la República (ahora Imperio). Cruzaron rápidamente a mi lado, decidí que ya que no podía salir intentaría tocarlo. Cuando lo hice todo pareció frenarse y comencé a ver todo en cámara lenta, el trooper había pasado a otra “modalidad de tiempo” y ahora lo veía frente a mí. Me concentré en volver a la realidad pero seguía sin suerte, entonces pensé en volver la imagen a la “velocidad temporal” normal (son conceptos que estoy inventando, no sé cómo se llaman estas visiones ni sus variantes). Entonces vi todo como si fuera sentada en el mismo vehículo del trooper. Ya no sabía con exactitud en que tiempo estaba, primero pasado, después futuro y volví al pasado otra vez.
Mi maestro me dijo que logró salir del “flujo” antes que yo y que todo había estado muy bien, que nunca había dejado de realizar las formas con el sable mientras estaba en “trance”. Yo no estaba tan segura. Si bien sentí que había logrado dominar en parte mis visiones, sabía que estaba lejos de poder hacerlo por completo. Todavía ellas me dominaban a mí. Habían pasado tres días desde que iniciamos el entrenamiento, y a mí me habían parecido veinte minutos.
Derné se enfadó con el maestro por no avisar, lo cierto era que tampoco él se había percatado de los tres días.
Por fin logramos encontrar a la mujer, a la hija del duque, conde, noble o lo que fuera. Ella ahora vivía por propia voluntad con Verno, un twi’lek, y un grupo de rebeldes. Nosotros habíamos logrado hacer lo que ellos ya habían estado planeando, matar a Foga, que era el “padre adoptivo” de Verno.
Además conseguimos purgar el lugar que hacía malignos a los ewoks, un foco del lado oscuro que el maestro Asoka se encargó de purificar con nuestra ayuda. Fue raro, creo que yo también me sentí purificada después de eso. Y no solo eso, también salvamos a los esclavos, y entregamos a los responsables a la autoridad local. Kaleen y Lo Dar hicieron además su “ritual de pasaje” y lograron conseguir cristales solares para sus sables de luz, aunque Kaleen le entregó el suyo a Asoka. Ambos volvieron muy heridos, pero a salvo.
El maestro sugirió que las esclavas que habíamos logrado liberar se quedaran con el grupo de rebeldes, ellas estuvieron de acuerdo.
Cuando partimos vino con nosotros un wookie, del grupo de Verno, él iba a reunirse con el jefe para poder conseguir una nave y volver a buscar a sus amigos. Nosotros seguiríamos camino hacia Chalakta, el planeta natal del maestro Asoka.
Ahora que vuelvo a pensar sobre mi poder… creo que podría encontrar una manera de “volver”. Tiene que haber una línea que separe el pasado del futuro, una línea que sea mi presente, solo tengo que encontrar la forma de que la Fuerza me la muestre. Quizás pueda marcar el camino, como hicieron Hanzel y Gretel. Espero que no haya pájaros que se coman las migajas y borren mi rastro.
Todavía no logro entender bien, no solo cómo acceder a él, sino tampoco como controlarlo. Mi maestro dice que no voy a poder ser un caballero jedi hasta que no logre meditar sin cruzar la línea. El problema es que no sé dónde está esa línea.
La Fuerza me otorgó un poder demasiado grande. No solo puedo tener “visiones” sobre el pasado o el futuro, sino que puedo volver a acceder a ellas las veces que quiera. Ver hacia el pasado, eso sí que era extraño, pero ver el futuro, ese era un poder demasiado grande para mí. Ojalá estuvieran vivos mis padres, quizás ellos supieran por qué tengo este poder…
Ayer entrenamos con el maestro, primero debía tomar conciencia del entorno, luego de mi cuerpo y por último, sin saltear ningún paso, acceder a una de mis visiones. Decidí elegir el sueño que había tenido de los ewoks, nada de siths por ahora. Sí, parecía que ahora a las visiones les gustaba también aparecerse en mis sueños.
Pude ver con lujo de detalles como se vestían, tanto los guerreros que se parecían a Twigol como los más pequeños a los que protegían. Pude ver la vegetación, las montañas, los animales, todo bastante diferente a como estaba en la actualidad. El entrenamiento iba bien hasta que las imágenes comenzaron a pasar a través de mí muy rápido y una tras otra. Otra vez estaba teniendo problemas en dominarlo. Intenté concentrarme en mí, en el sable de luz que era lo que me ataba a mi mundo, a mi tiempo, pero no lograba salir. Escuché que mi maestro me decía: “Tranquila”.
La siguiente visión me mostró a unos troopers, con armaduras que no conocía y que conducían unos vehículos más modernos que aquellos que actualmente se comerciaban en la República (ahora Imperio). Cruzaron rápidamente a mi lado, decidí que ya que no podía salir intentaría tocarlo. Cuando lo hice todo pareció frenarse y comencé a ver todo en cámara lenta, el trooper había pasado a otra “modalidad de tiempo” y ahora lo veía frente a mí. Me concentré en volver a la realidad pero seguía sin suerte, entonces pensé en volver la imagen a la “velocidad temporal” normal (son conceptos que estoy inventando, no sé cómo se llaman estas visiones ni sus variantes). Entonces vi todo como si fuera sentada en el mismo vehículo del trooper. Ya no sabía con exactitud en que tiempo estaba, primero pasado, después futuro y volví al pasado otra vez.
Mi maestro me dijo que logró salir del “flujo” antes que yo y que todo había estado muy bien, que nunca había dejado de realizar las formas con el sable mientras estaba en “trance”. Yo no estaba tan segura. Si bien sentí que había logrado dominar en parte mis visiones, sabía que estaba lejos de poder hacerlo por completo. Todavía ellas me dominaban a mí. Habían pasado tres días desde que iniciamos el entrenamiento, y a mí me habían parecido veinte minutos.
Derné se enfadó con el maestro por no avisar, lo cierto era que tampoco él se había percatado de los tres días.
Por fin logramos encontrar a la mujer, a la hija del duque, conde, noble o lo que fuera. Ella ahora vivía por propia voluntad con Verno, un twi’lek, y un grupo de rebeldes. Nosotros habíamos logrado hacer lo que ellos ya habían estado planeando, matar a Foga, que era el “padre adoptivo” de Verno.
Además conseguimos purgar el lugar que hacía malignos a los ewoks, un foco del lado oscuro que el maestro Asoka se encargó de purificar con nuestra ayuda. Fue raro, creo que yo también me sentí purificada después de eso. Y no solo eso, también salvamos a los esclavos, y entregamos a los responsables a la autoridad local. Kaleen y Lo Dar hicieron además su “ritual de pasaje” y lograron conseguir cristales solares para sus sables de luz, aunque Kaleen le entregó el suyo a Asoka. Ambos volvieron muy heridos, pero a salvo.
El maestro sugirió que las esclavas que habíamos logrado liberar se quedaran con el grupo de rebeldes, ellas estuvieron de acuerdo.
Cuando partimos vino con nosotros un wookie, del grupo de Verno, él iba a reunirse con el jefe para poder conseguir una nave y volver a buscar a sus amigos. Nosotros seguiríamos camino hacia Chalakta, el planeta natal del maestro Asoka.
Ahora que vuelvo a pensar sobre mi poder… creo que podría encontrar una manera de “volver”. Tiene que haber una línea que separe el pasado del futuro, una línea que sea mi presente, solo tengo que encontrar la forma de que la Fuerza me la muestre. Quizás pueda marcar el camino, como hicieron Hanzel y Gretel. Espero que no haya pájaros que se coman las migajas y borren mi rastro.
martes, 23 de junio de 2009
Cuadernos de viaje del maestro Escipión
Cuadernos de viaje, Entrada 154, Año 20/XXV
Estoy en los comandos de la nave mientras el salto hiperespacial nos aleja de Bespin. Acabamos el trabajo sin demasiados problemas, tras 2 semanas de cazas a esa babosa por el Anillo Medio. Es la primera vez que mato a alguien a sangre fría, aunque ese Hutt pudo defenderse, al menos más de lo que pudieron hacer los inocentes a los que asesinó para vender a sus hijos como esclavos. Grunno el Hutt, exactamente 30 veces mas viejo que yo, terminó sus días bajo mi Sable de Luz. Se nos habia estado escapando, desde que empezamos a perseguirlo por sus negocios con la Federación de Comercio. El Maestro Ozzy dijo que aprovecharíamos para cobrarle un par de deudas atrasadas. Al fin se refugió en su factoría de Bespin. Fui yo quien sugerí que estaría allí. Cuando entramos, el Maestro se enfrentó a la gigantesca mascota asesina del mafioso, y me dijo que me habia ganado ocuparme del sujeto en persona. Así lo hice, sin dudar, como me habían enseñado en la Orden. Dudo sin embargo que el Maestro Yoda se refiriera a esto cuando hablaba de no dudar..
El viaje es tranquilo y relajado. El Maestro ha dicho que ya estoy en condiciones de ser ordenado Caballero, y que hará los arreglos al llegar a Naboo, donde es nuestra próxima misión. Por eso calculó el viaje para llegar un par de días antes de la fecha convenida. Al llegar allí, nos reuniremos con otros Caballeros y Padawans. El Maestro dijo que, si paso la prueba que me falta, me dejará solo para que cumpla esta misión sin tentarme a pedirle ayuda. Dice que haremos lo posible para que los otros Jedi no sepan que será mi primera mision como Caballero. El tiene que atender otros asuntos, dijo, y dijo que esperaba que los otros no lo hechen de menos: es decir, que conmigo sea más que suficiente. . No estoy asustado, confío en como me ha preparado. El Miedo conduce al Lado Oscuro, es otra de las cosas que vengo aprendiendo de pequeño. También conduce a dar espectáculos patéticos. La verdad es que esperaba con ansias esta oportunidad. Es magnífico trabajar con el maestro, pero yo también quiero ver como lo hago sin él.
Ahora todo está mas o menos tranquilo: el maestro es un poco remolón, y le gusta dormir en los viajes. A veces aprovecha los momentos en el hiperespacio para enseñarme trucos que la Orden considera ilegales. Pero no en esta ocasión. Asique aprovecho para escribir. Hoy no será sobre la injusticia y la desigualdad que reinan en la galaxia, ni sobre lo poco que hacen por ella los que deberían hacerlo. No. Hoy voy a ponerme un poco egoista y rememorar en día en el que salí de Onogur, mi planeta natal, decidido a terminar mi entrenamiento y convertirme en Caballero Jedi. Han pasado 3 años de aquello, en los que aprendí muchas cosas. No me arrepentí de mi decisión final ni un segundo en este tiempo, y ahora tampoco lo hago. Relataré como fueron aquellas cosas, para cerrar ese libro, que ahora no puedo pensar más que como un prólogo de la parte que de verdad va a importae.de mi vida. Los Jedi no deben mantener lazos con el pasado, se dice, asique yo cierro los míos con estas líneas, antes de convertirme en uno.
Todo sucedió en poco menos de una semana. Primero, la muerte de mamá. Yo tenía 17 años, pero extrañamente no fue para mi tan terrible como podria creerse. Creo haber hablado del tema antes, asique no me explayaré aquí sobre eso. Poco me duró la paz espiritual que me había embargado en esa ceremonia. Cuando yo tenía 12 años, el Maestro Ozzy, que me habia tomado bajo su tutela desde los 10, consideró que era necesario que yo conociera mi planeta natal. Yo habia llegado a Coruscant a los 3 años, traído por él mismo. Mi padre me había cedido gustosamente a la Orden Jedi, básicamente porque no tenia tiempo de ocuparse de mí. Me pareció bien la idea de mi Maestro. El decia que no se podian cortar los lazos que no se conocían, y que yo debia ver mi mundo natal por mi mismo. Cuando llegé a Ircania, en Onogur, me habia fascinado su color, su dinámica, la libertad que se respiraba en el aire. Muy diferente a las, muchas veces, monótonas paredes de la Orden. Pero lo que más me cautivó fue el recibimiento de mi Padre; él era, para entonces, un rico comerciante, y parecia encantado de tener un hijo. Me ofreció ser parte de su familia. El acababa de heredar el liderazgo del Clan, y me aseguraba una vida de lujos, aunque ocasionalmente, dijo, tendria que trabajar con él.
Aquella vorágine de mundo real fue demasiado para el jovencito imprudente que yo era en ese momento. Avergonzado, le dije a mi Maestro que no estaba seguro de si queria seguir en la senda del Jedi. EL sonrió, y me dijo “las personas deben aprender a ser personas antes que Jedis”. Me dio su permiso paraa tomarme lo que el llamaba en ese momento “unas vacaciones”. Yo no podia saber en aquel momento lo acertado que estaba, pero me dejó claro “estaré aquí cuando me necesites”, y así lo hizo, cada vez que lo busqué.
Pasaron 4 años, y crecí. No era un hombre aún, pero tampoco un niño ignorante. El entusiasmo se fue poco a poco, y me di cuenta de lo egoísta de las ideas de mi padre.
En su esquema de cosas, un hijo era sencillamente un factor más de poder, una forma de conseguir una alianza familiar conveniente con un matrimonio. A los 15 años ya tenia una prometida, una niñita algo menor que yo que resultaba ser una de las esposas más codiciadas del país. Magda. Era bella e inteligente, y a diferencia mía, sabía muy bien lo que quería. Tardé un poco en darme cuenta de mi verdadero papel en el asunto: Mi entrenamiento me convertía en un cortesado supremo, sin que yo me diera cuenta, al poder leer los pensamientos de la gente y actuar en consecuencia. Los negocios de mi padre y los de la familia de mi novia crecieron exponencialmente, conmigo como una carta importante en aquella partida.
Magda, mi futura esposa, y yo, volvíamos a casa poco antes del mediodía cuando mi padre me anuncia que esa noche teníamos una importantísima reunión, una cena de protocolo con representantes de algunas de las familias comerciantes más importantes de Ordala, mi país. Mi padre parecía más y más autoritario a medida que se acercaba la fecha de mi Compromiso Oficial. .
Me había dejado llevar, y aquella tarde lo comprendí. Pense que todo era diversión, y que el trabajo que me exigían era muy poco en comparación de lo que me habia exigido la Orden. Pero yo no me habia quedado en Ordala por ellos. No. Yo habia hecho amigos. En mi tiempo libre, me habia juntado con un grupo de estudiantes del colegio a donde concurria. Eran artistas, y tenian el sueño de vivir de su arte. Querían comprar un viejo edificio que tenia un antiguo teatro, en cuyo edificio habia ademas un hotel abandonado. Querian hacer allí una productora, donde pudieran vivir artistas y dedicarse a crear. El amor con el que se dedicaban a sus artes resonaba muy bien en la Fuerza. El grupo creció, Con algunos de ellos formé una banda de música pesada. Al fin, conseguí mover contactos (y dinero de mi familia) y quedarnos con aquella manzana, con el pequeño hotel y el teatro. Lo reacondicionamos, instalamos habitaciones, pusimos a funcionar el teatro, y en la vieja sala del hotel, una discoteca donde tocaban bandas de musica. Comenzó a irnos bastante bien. A mi me caia bien mi familia, pero eran mis amigos a los que me sentia ligado. Todo ese protocolo y todas esas tretas comerciales se justificaban porque el dinero era importante para mantener a mi grupo andando.
Pero ahora, mi padre me avisaba que tenia una reunion impostergable, justo cuando mi grupo de rock y yo teniamos nuestra primera presentación oficial fuera de nuestro teatro. Algo dentro de mi se hizo pedazos. Con el entrenamiento que habia recibido de la Orden y de mi Maestro, comprendí rápidamente la situación. No podia ser un hombee de negocios y un artista a la vez. Los hechos se desencadenaron y me dieron la razón.
Casi sin pensarlo, le dije a mi padre que no habia problema, que allí estaría aunque me hubiera avisado sobre la fecha. Magda parecía inesperadamente feliz. Siempre se habia tomado mi vida de artista fríamente, acompañándome como buena prometida pero sin mostrar nada de interés. Ahora que la vida me ponia a elegir, pensaba ella, me dejaria de tonterias. Me dolio mucho sorprenderme a mi mismo leyéndole la mente, pero mas me dolió esa mente calculadora, utilitarista. Siempre supe que era así, pero jamás me habia imaginado que tanto. Fui a la reunión, que fue un éxito. Mi padre quedó aún mejor parado que antes. Nuestras ganancias crecerian exponencialmente. Adelantó mi compromiso oficial, con toma de votos según la religión de Ordala, para dos semanas más adelante. En dos meses, estaría casado y seria el heredero oficial de una de las mayores fortunas de todo el Planeta Ircania, que yo habia contribuído a forjar.
Mi banda se separó al dia siguiente. Aunque algunos reproches no faltaron, pusieron especial cuidado en hacerme notar que no era por mi ausencia de aquella noche que daban fin al proyecto. Habia muchos problemas en la banda, y yo no lo habia querido notar. No todos estaban de acuerdo con el estilo de música. Algunos de los 5 que éramos querian tomárselo como hobbie, y otros como un proyecto de verdad. Para peor, habia una especie de triángulo amoroso entre la cantante, el baterista y mi segunda guitarra, el principal compositor. En síntesis, no estaban tan comprometidos con el proyecto como el resto de los muchachos. Hasta ese momento, no me habian querido decir nada porque veian el entusiasmo que yo ponía en la banda. Pero cuando vieron que tuve que abandonarlos por una cuestion “de negocios”, comprendieron que el proyecto no tenia futuro. Cuando me reuní con ellos en el “nuestro” edificio, ya habian tomado la decision, y hasta hecho las valijas (todos ellos vivían allí). En menos de dos días volvió cada uno a casa de sus familias. Ni siquiera se despidieron del resto de la gente del Teatro.
Cuando intenté decirle a mi padre de lo brusco de su orden y sus consecuencias, me trató muy mal. ME hechó en cara ser un desagradecido, un bohemio y un drogadicto. Pero lo que mas me enfurecio fue que me criticara duramente el haber dispuesto de los restos de mi madre a la manera de esos “hippies espaaciales con sable de luz”. Ël, que la habia abandonado, que nunca la habia querido, que le habia quitado a su hijo (yo) con una treta legal, para hacerse con un heredero, y luego lo habia puesto en manos de una Orden alienígena por no tener tiempo para criarme. Le contensté con insultante y despreciativa ironia, pero con elegancia. Le hice notar que hubiera fracasado sin mi. Se enfureció, me golpeó. Era un hombre enorme y muy fuerte. Mi telekinesis reaccionó, le partí el brazo. Humillado, a regañadientes me pidio disculpas. Con la mente en otro lado, le dije que no habia problemas, que ya no me ocuparia más de cosas sin importancia. Pareció conforme. Lo estaba cuando le leí la mente. Tambien algo avergonzdo. Por suerte, nadie, ni Magda, habian visto el incidente. Ambos lo callamos.
Cuatro día despues, era la reunión semanal de nuestro Teatro. En realidad, los muchachos de la banda no eran mis amigos más cercanos. Estaban Burt, un Disk-Jockey que queria poner una emisora de radio en el techo de nuestro edificio. Pensaba en grande, pero tambien trabajaba muchísimo. Fabio era un Gryurgil pintor y dibujante, extravagante y obsesivo, muy dedicado a su técnica, un maestro de la perspectiva que además se encargaba de la decoración del lugar, que habia ganado varios premios. Tert era un lasaa, también Disk-Jockey, el miembro más viejo del grupo. Tenia unos 50 años (equivalente a unos 25 en edad humana) y habia triunfado en su temprana juventud, pero lo habia dejado por lo “mexquino” del ambiente; gustaba de los deportes extremos y de la bebida, y solia ponerse de barman; era como el gurú espiritual del grupo, y me respetaba mucho por mis “conocimientos” especiales. Luego estaba Yuki, una joven viera de muy pocos años. Era la más pequeña, aunque nunca supe bien que edad tenía. Era una escritora sorprendente, tremendamente talentosa, que mejoraba día. Habia abandonado a las suyas porque queria que mucha gente leyera lo que escribía. Era seria, callada y tímida, sobre todo teniendo en cuenta su gran talento.
Esos dias me había mantenido muy ocupado. Hable muy poco con mi prometida. Me sorprendi pensando lo desperdiciadas que estaban sus talentos en aquella vida monótona y prefijada. Recordé haber pensado lo mismo de ella muchas, muchas veces, mucho antes de leerle la mente. Pero ahora era distinto. Comprendí lo bien que ese juicio se aplicaba a mi. Cuando le informé a la gente del Teatro de las razones del abandono de mi banda de músicos, lo entendieron. Bromearon mucho, acerca de los líos de alcoba que mi entusiasmo habia ignorado. Pero me señalaron que de algun modo tenian razón mis compañeros de banda, no podia estar en dos lugares a la vez. Ahí me puse serio, les di la razon, y les presente los papeles.
Habia logrado gestionae en 4 días lo que todos siempre habíamos querido; la propiedad perpetua del lugar. Ni siquiera nos cobrarían impuestos. Y les informé de mis intenciones: Habia entendido el mensaje de mi padre. El me recalcó que no debia perder mi tiempo en cosas sin importancia. Asique me habia forzado a tomar una decisión: Dejaria Ordala, Ircania, Onogur mismo. Completaria mi entrenamiento Jedi. La galaxia me necesitaba. Quizá un grupo de artistas era un proyecto bohemio, pero dedicarse a acumular créditos por el resto de mi vida era un proyecto idiota. La Fuerza nunca me lo perdonaria. Tert y Yuki parecieron comprenderme por completo. El resto lo vio como una venganza a mi padre. Y fue por esto que se tomaron bien mi decision, con cierta sorna. Sobre todo cuando se enteraron de que pensaba irme sin avisarle a nadie.
Me despedí de ellos rápidamente. No me gustaban las despedidas. Muchos me dijeron que, en el fondo, sabian que yo no pertenecía allí, que si habia venido de las estrellas mi hogar estaba allá arriba. Me hicieron entender que seguirían adelante, y que apreciaban mucho mi gesto. En un momento, todos me ofrecieron mucho dinero. Su parte de lo que habia costado la propiedad. Me exigieron aceptarlo; yo podria haber gestionado la propiedad, pero ellos querian que realmente fuera propiedad de todos.. Habian estado ahorrando para ello. Acordamos en dejar el Teatro a nombre de Yuki, la mas joven del grupo que de todos modos era de las mas serias (la propiedad perpetua en Onogur requiere un solo titular y solo uno). Ella me miró a los ojos y me agradeció mi confianza. En una oración típica de las de su raza, pero extraña en alguien tan joven, me dijo que sin duda encontraria mi camino, y que cuando lo hubiera encontrado volveria a mostrárselos.
Aquella noche tenia una reunión “de negocios” donde hice mi papel a la perfección. Mi Padre y mi prometida quedaron convencidos de que yo me habia decidido por “el buen camino”. Mis amigos llevaron mi equipaje, sin que nadie lo notara, con mi Maestro. Habia hablado antes con él para comunicarle mi decision, que no lo sorprendio para nada. A la mañana siguiente, madrugé, y dije que iba a hacer mis ejercicios matutinos al parque, como solia hacer. Jamás regresé. Me despedí de mis amigos, usé mis poderes Jedi para llegar al teatro sin que nadie lo note y luego colarme hasta donde mi maestro tenia su nave. El sonrió, y cuando llegué junto a la nave me dijo “terminaron las vacaciones”. Partimos. Fue hace 3 años, y jamás volví a Onogur desde entonces. Quizá no lo haga por mucho, mucho tiempo. Y realmente no estoy apurado por hacerlo..
(escribió Marcos)
Estoy en los comandos de la nave mientras el salto hiperespacial nos aleja de Bespin. Acabamos el trabajo sin demasiados problemas, tras 2 semanas de cazas a esa babosa por el Anillo Medio. Es la primera vez que mato a alguien a sangre fría, aunque ese Hutt pudo defenderse, al menos más de lo que pudieron hacer los inocentes a los que asesinó para vender a sus hijos como esclavos. Grunno el Hutt, exactamente 30 veces mas viejo que yo, terminó sus días bajo mi Sable de Luz. Se nos habia estado escapando, desde que empezamos a perseguirlo por sus negocios con la Federación de Comercio. El Maestro Ozzy dijo que aprovecharíamos para cobrarle un par de deudas atrasadas. Al fin se refugió en su factoría de Bespin. Fui yo quien sugerí que estaría allí. Cuando entramos, el Maestro se enfrentó a la gigantesca mascota asesina del mafioso, y me dijo que me habia ganado ocuparme del sujeto en persona. Así lo hice, sin dudar, como me habían enseñado en la Orden. Dudo sin embargo que el Maestro Yoda se refiriera a esto cuando hablaba de no dudar..
El viaje es tranquilo y relajado. El Maestro ha dicho que ya estoy en condiciones de ser ordenado Caballero, y que hará los arreglos al llegar a Naboo, donde es nuestra próxima misión. Por eso calculó el viaje para llegar un par de días antes de la fecha convenida. Al llegar allí, nos reuniremos con otros Caballeros y Padawans. El Maestro dijo que, si paso la prueba que me falta, me dejará solo para que cumpla esta misión sin tentarme a pedirle ayuda. Dice que haremos lo posible para que los otros Jedi no sepan que será mi primera mision como Caballero. El tiene que atender otros asuntos, dijo, y dijo que esperaba que los otros no lo hechen de menos: es decir, que conmigo sea más que suficiente. . No estoy asustado, confío en como me ha preparado. El Miedo conduce al Lado Oscuro, es otra de las cosas que vengo aprendiendo de pequeño. También conduce a dar espectáculos patéticos. La verdad es que esperaba con ansias esta oportunidad. Es magnífico trabajar con el maestro, pero yo también quiero ver como lo hago sin él.
Ahora todo está mas o menos tranquilo: el maestro es un poco remolón, y le gusta dormir en los viajes. A veces aprovecha los momentos en el hiperespacio para enseñarme trucos que la Orden considera ilegales. Pero no en esta ocasión. Asique aprovecho para escribir. Hoy no será sobre la injusticia y la desigualdad que reinan en la galaxia, ni sobre lo poco que hacen por ella los que deberían hacerlo. No. Hoy voy a ponerme un poco egoista y rememorar en día en el que salí de Onogur, mi planeta natal, decidido a terminar mi entrenamiento y convertirme en Caballero Jedi. Han pasado 3 años de aquello, en los que aprendí muchas cosas. No me arrepentí de mi decisión final ni un segundo en este tiempo, y ahora tampoco lo hago. Relataré como fueron aquellas cosas, para cerrar ese libro, que ahora no puedo pensar más que como un prólogo de la parte que de verdad va a importae.de mi vida. Los Jedi no deben mantener lazos con el pasado, se dice, asique yo cierro los míos con estas líneas, antes de convertirme en uno.
Todo sucedió en poco menos de una semana. Primero, la muerte de mamá. Yo tenía 17 años, pero extrañamente no fue para mi tan terrible como podria creerse. Creo haber hablado del tema antes, asique no me explayaré aquí sobre eso. Poco me duró la paz espiritual que me había embargado en esa ceremonia. Cuando yo tenía 12 años, el Maestro Ozzy, que me habia tomado bajo su tutela desde los 10, consideró que era necesario que yo conociera mi planeta natal. Yo habia llegado a Coruscant a los 3 años, traído por él mismo. Mi padre me había cedido gustosamente a la Orden Jedi, básicamente porque no tenia tiempo de ocuparse de mí. Me pareció bien la idea de mi Maestro. El decia que no se podian cortar los lazos que no se conocían, y que yo debia ver mi mundo natal por mi mismo. Cuando llegé a Ircania, en Onogur, me habia fascinado su color, su dinámica, la libertad que se respiraba en el aire. Muy diferente a las, muchas veces, monótonas paredes de la Orden. Pero lo que más me cautivó fue el recibimiento de mi Padre; él era, para entonces, un rico comerciante, y parecia encantado de tener un hijo. Me ofreció ser parte de su familia. El acababa de heredar el liderazgo del Clan, y me aseguraba una vida de lujos, aunque ocasionalmente, dijo, tendria que trabajar con él.
Aquella vorágine de mundo real fue demasiado para el jovencito imprudente que yo era en ese momento. Avergonzado, le dije a mi Maestro que no estaba seguro de si queria seguir en la senda del Jedi. EL sonrió, y me dijo “las personas deben aprender a ser personas antes que Jedis”. Me dio su permiso paraa tomarme lo que el llamaba en ese momento “unas vacaciones”. Yo no podia saber en aquel momento lo acertado que estaba, pero me dejó claro “estaré aquí cuando me necesites”, y así lo hizo, cada vez que lo busqué.
Pasaron 4 años, y crecí. No era un hombre aún, pero tampoco un niño ignorante. El entusiasmo se fue poco a poco, y me di cuenta de lo egoísta de las ideas de mi padre.
En su esquema de cosas, un hijo era sencillamente un factor más de poder, una forma de conseguir una alianza familiar conveniente con un matrimonio. A los 15 años ya tenia una prometida, una niñita algo menor que yo que resultaba ser una de las esposas más codiciadas del país. Magda. Era bella e inteligente, y a diferencia mía, sabía muy bien lo que quería. Tardé un poco en darme cuenta de mi verdadero papel en el asunto: Mi entrenamiento me convertía en un cortesado supremo, sin que yo me diera cuenta, al poder leer los pensamientos de la gente y actuar en consecuencia. Los negocios de mi padre y los de la familia de mi novia crecieron exponencialmente, conmigo como una carta importante en aquella partida.
Magda, mi futura esposa, y yo, volvíamos a casa poco antes del mediodía cuando mi padre me anuncia que esa noche teníamos una importantísima reunión, una cena de protocolo con representantes de algunas de las familias comerciantes más importantes de Ordala, mi país. Mi padre parecía más y más autoritario a medida que se acercaba la fecha de mi Compromiso Oficial. .
Me había dejado llevar, y aquella tarde lo comprendí. Pense que todo era diversión, y que el trabajo que me exigían era muy poco en comparación de lo que me habia exigido la Orden. Pero yo no me habia quedado en Ordala por ellos. No. Yo habia hecho amigos. En mi tiempo libre, me habia juntado con un grupo de estudiantes del colegio a donde concurria. Eran artistas, y tenian el sueño de vivir de su arte. Querían comprar un viejo edificio que tenia un antiguo teatro, en cuyo edificio habia ademas un hotel abandonado. Querian hacer allí una productora, donde pudieran vivir artistas y dedicarse a crear. El amor con el que se dedicaban a sus artes resonaba muy bien en la Fuerza. El grupo creció, Con algunos de ellos formé una banda de música pesada. Al fin, conseguí mover contactos (y dinero de mi familia) y quedarnos con aquella manzana, con el pequeño hotel y el teatro. Lo reacondicionamos, instalamos habitaciones, pusimos a funcionar el teatro, y en la vieja sala del hotel, una discoteca donde tocaban bandas de musica. Comenzó a irnos bastante bien. A mi me caia bien mi familia, pero eran mis amigos a los que me sentia ligado. Todo ese protocolo y todas esas tretas comerciales se justificaban porque el dinero era importante para mantener a mi grupo andando.
Pero ahora, mi padre me avisaba que tenia una reunion impostergable, justo cuando mi grupo de rock y yo teniamos nuestra primera presentación oficial fuera de nuestro teatro. Algo dentro de mi se hizo pedazos. Con el entrenamiento que habia recibido de la Orden y de mi Maestro, comprendí rápidamente la situación. No podia ser un hombee de negocios y un artista a la vez. Los hechos se desencadenaron y me dieron la razón.
Casi sin pensarlo, le dije a mi padre que no habia problema, que allí estaría aunque me hubiera avisado sobre la fecha. Magda parecía inesperadamente feliz. Siempre se habia tomado mi vida de artista fríamente, acompañándome como buena prometida pero sin mostrar nada de interés. Ahora que la vida me ponia a elegir, pensaba ella, me dejaria de tonterias. Me dolio mucho sorprenderme a mi mismo leyéndole la mente, pero mas me dolió esa mente calculadora, utilitarista. Siempre supe que era así, pero jamás me habia imaginado que tanto. Fui a la reunión, que fue un éxito. Mi padre quedó aún mejor parado que antes. Nuestras ganancias crecerian exponencialmente. Adelantó mi compromiso oficial, con toma de votos según la religión de Ordala, para dos semanas más adelante. En dos meses, estaría casado y seria el heredero oficial de una de las mayores fortunas de todo el Planeta Ircania, que yo habia contribuído a forjar.
Mi banda se separó al dia siguiente. Aunque algunos reproches no faltaron, pusieron especial cuidado en hacerme notar que no era por mi ausencia de aquella noche que daban fin al proyecto. Habia muchos problemas en la banda, y yo no lo habia querido notar. No todos estaban de acuerdo con el estilo de música. Algunos de los 5 que éramos querian tomárselo como hobbie, y otros como un proyecto de verdad. Para peor, habia una especie de triángulo amoroso entre la cantante, el baterista y mi segunda guitarra, el principal compositor. En síntesis, no estaban tan comprometidos con el proyecto como el resto de los muchachos. Hasta ese momento, no me habian querido decir nada porque veian el entusiasmo que yo ponía en la banda. Pero cuando vieron que tuve que abandonarlos por una cuestion “de negocios”, comprendieron que el proyecto no tenia futuro. Cuando me reuní con ellos en el “nuestro” edificio, ya habian tomado la decision, y hasta hecho las valijas (todos ellos vivían allí). En menos de dos días volvió cada uno a casa de sus familias. Ni siquiera se despidieron del resto de la gente del Teatro.
Cuando intenté decirle a mi padre de lo brusco de su orden y sus consecuencias, me trató muy mal. ME hechó en cara ser un desagradecido, un bohemio y un drogadicto. Pero lo que mas me enfurecio fue que me criticara duramente el haber dispuesto de los restos de mi madre a la manera de esos “hippies espaaciales con sable de luz”. Ël, que la habia abandonado, que nunca la habia querido, que le habia quitado a su hijo (yo) con una treta legal, para hacerse con un heredero, y luego lo habia puesto en manos de una Orden alienígena por no tener tiempo para criarme. Le contensté con insultante y despreciativa ironia, pero con elegancia. Le hice notar que hubiera fracasado sin mi. Se enfureció, me golpeó. Era un hombre enorme y muy fuerte. Mi telekinesis reaccionó, le partí el brazo. Humillado, a regañadientes me pidio disculpas. Con la mente en otro lado, le dije que no habia problemas, que ya no me ocuparia más de cosas sin importancia. Pareció conforme. Lo estaba cuando le leí la mente. Tambien algo avergonzdo. Por suerte, nadie, ni Magda, habian visto el incidente. Ambos lo callamos.
Cuatro día despues, era la reunión semanal de nuestro Teatro. En realidad, los muchachos de la banda no eran mis amigos más cercanos. Estaban Burt, un Disk-Jockey que queria poner una emisora de radio en el techo de nuestro edificio. Pensaba en grande, pero tambien trabajaba muchísimo. Fabio era un Gryurgil pintor y dibujante, extravagante y obsesivo, muy dedicado a su técnica, un maestro de la perspectiva que además se encargaba de la decoración del lugar, que habia ganado varios premios. Tert era un lasaa, también Disk-Jockey, el miembro más viejo del grupo. Tenia unos 50 años (equivalente a unos 25 en edad humana) y habia triunfado en su temprana juventud, pero lo habia dejado por lo “mexquino” del ambiente; gustaba de los deportes extremos y de la bebida, y solia ponerse de barman; era como el gurú espiritual del grupo, y me respetaba mucho por mis “conocimientos” especiales. Luego estaba Yuki, una joven viera de muy pocos años. Era la más pequeña, aunque nunca supe bien que edad tenía. Era una escritora sorprendente, tremendamente talentosa, que mejoraba día. Habia abandonado a las suyas porque queria que mucha gente leyera lo que escribía. Era seria, callada y tímida, sobre todo teniendo en cuenta su gran talento.
Esos dias me había mantenido muy ocupado. Hable muy poco con mi prometida. Me sorprendi pensando lo desperdiciadas que estaban sus talentos en aquella vida monótona y prefijada. Recordé haber pensado lo mismo de ella muchas, muchas veces, mucho antes de leerle la mente. Pero ahora era distinto. Comprendí lo bien que ese juicio se aplicaba a mi. Cuando le informé a la gente del Teatro de las razones del abandono de mi banda de músicos, lo entendieron. Bromearon mucho, acerca de los líos de alcoba que mi entusiasmo habia ignorado. Pero me señalaron que de algun modo tenian razón mis compañeros de banda, no podia estar en dos lugares a la vez. Ahí me puse serio, les di la razon, y les presente los papeles.
Habia logrado gestionae en 4 días lo que todos siempre habíamos querido; la propiedad perpetua del lugar. Ni siquiera nos cobrarían impuestos. Y les informé de mis intenciones: Habia entendido el mensaje de mi padre. El me recalcó que no debia perder mi tiempo en cosas sin importancia. Asique me habia forzado a tomar una decisión: Dejaria Ordala, Ircania, Onogur mismo. Completaria mi entrenamiento Jedi. La galaxia me necesitaba. Quizá un grupo de artistas era un proyecto bohemio, pero dedicarse a acumular créditos por el resto de mi vida era un proyecto idiota. La Fuerza nunca me lo perdonaria. Tert y Yuki parecieron comprenderme por completo. El resto lo vio como una venganza a mi padre. Y fue por esto que se tomaron bien mi decision, con cierta sorna. Sobre todo cuando se enteraron de que pensaba irme sin avisarle a nadie.
Me despedí de ellos rápidamente. No me gustaban las despedidas. Muchos me dijeron que, en el fondo, sabian que yo no pertenecía allí, que si habia venido de las estrellas mi hogar estaba allá arriba. Me hicieron entender que seguirían adelante, y que apreciaban mucho mi gesto. En un momento, todos me ofrecieron mucho dinero. Su parte de lo que habia costado la propiedad. Me exigieron aceptarlo; yo podria haber gestionado la propiedad, pero ellos querian que realmente fuera propiedad de todos.. Habian estado ahorrando para ello. Acordamos en dejar el Teatro a nombre de Yuki, la mas joven del grupo que de todos modos era de las mas serias (la propiedad perpetua en Onogur requiere un solo titular y solo uno). Ella me miró a los ojos y me agradeció mi confianza. En una oración típica de las de su raza, pero extraña en alguien tan joven, me dijo que sin duda encontraria mi camino, y que cuando lo hubiera encontrado volveria a mostrárselos.
Aquella noche tenia una reunión “de negocios” donde hice mi papel a la perfección. Mi Padre y mi prometida quedaron convencidos de que yo me habia decidido por “el buen camino”. Mis amigos llevaron mi equipaje, sin que nadie lo notara, con mi Maestro. Habia hablado antes con él para comunicarle mi decision, que no lo sorprendio para nada. A la mañana siguiente, madrugé, y dije que iba a hacer mis ejercicios matutinos al parque, como solia hacer. Jamás regresé. Me despedí de mis amigos, usé mis poderes Jedi para llegar al teatro sin que nadie lo note y luego colarme hasta donde mi maestro tenia su nave. El sonrió, y cuando llegué junto a la nave me dijo “terminaron las vacaciones”. Partimos. Fue hace 3 años, y jamás volví a Onogur desde entonces. Quizá no lo haga por mucho, mucho tiempo. Y realmente no estoy apurado por hacerlo..
(escribió Marcos)
Un acercamiento
Seguimos vagando por la galaxia sin encontrar a la hija del noble. En Firrere no logramos dar con ningún Hutt ni con nadie que pudiera darnos mayor información. Los Hutts hacían sus negocios pero a través de terceros, sin ensuciarse las manos, obviamente. Pero había algo que me intrigaba, si había rastros de una batalla la nave tendría que haber descendido en ese planeta. Le pedí a R2 que hiciera los cálculos, pero según la información que le di la nave debió aterrizar en el medio de la ciudad, no era posible.
Había algo que estaba mal, sentí a mi alrededor y descubrí que había otros planetas que no teníamos mapeados, así llegamos a una Luna habitable, un paraíso lleno de vegetación. Las coordenadas del lugar donde encontramos los escombros coincidían con ese planeta.
Estaba muy de mal humor, creo que nadie entendió por qué, mi maestro siempre me pedía que me quede en la nave, y si bien a mí me encantaba eso, por otro lado también quería ir con ellos. Pero como ya estaba de mal humor no quise bajar.
Habíamos hecho contacto con una raza de seres inteligentes y Kaleen junto a Lohdar fueron a investigar, mientras mi maestro y el maestro Asoka buscaban el posible escondite del Hutt. Los atacaron en las montañas, pero cuando llegué ya habían dado cuenta de los enemigos, según ellos unas esferas negras los sorprendieron desde el bosque y les arrojaron flechas desde todos los ángulos. Derné había sido herida y mi maestro me pidió que fuera con la nave a ayudarlos.
No mucho después Kaleen me contactó para que fuera lo a buscar y lo acercara a los demás. Otra vez, ya todos me estaba hartando, todos me tomaban por su secretaria. Desde lo alto vi que Kaleen y Lohdar comenzaban una competencia para ver quién llegaba primero hacia las montañas.
Mientras el maestro Asoka y mi maestro hacían contacto con un nativo que vivía en soledad, él junto a su compañero, una criatura muy extraña que hasta me costaría describir, les dio asilo en la montaña. El maestro Asoka les pidió a Kristal y a Hannabh que bajaran de la nave, tendrían un entrenamiento allí. Lástima, me hubiera gustado presenciarlo.
Lohdar contactó conmigo y me dijo por el comunicador:
-Faith, ¿te puedo pedir un favor?
-Sí…
Si bien no estaba de humor vi la posibilidad de acercarme a él y a los padawan, ya demasiado distanciada de ellos estaba, y gracias al keldor quizás pudiera por fin acercarme un poco.
-Quiero jugarle una broma a Kaleem, ¿me ayudarías? Te voy a deber una.
-Bueno, dale- le respondí y lo fui a buscar con la nave.
Cuando Kaleen llegó, mucho después que él y agotado, no podía entender qué había pasado, era fácil, el keldor le había hecho caso, no había usado la fuerza había pedido ayuda a sus amigos para ganarle.
Después de eso decidí bajar, estaba de mucho mejor humor ahora. Hacía tiempo que quería acercarme a los padawan, pero no sabía cómo, en especial después del entrenamiento en nuestra nave en el cual me habían dejado completamente afuera de sus planes.
Nuestro anfitrión nos obsequió alimentos y nos mostró su “nave”, era una carcasa de un vehículo terrestre. En el vidrio había dibujado las estrellas. Era extraño que una criatura de un planeta totalmente alejado de la tecnología tuviera el deseo de volar. Apoyé mi mano sobre los restos del vehículo y sentí todos los circuitos, no estaba muy dañada así que la hice funcionar. Era otra cosa que quería experimentar, podía unir con la Fuerza aquellos circuitos que no funcionaban. Nuestro anfitrión me miró muy sorprendido.
-Sí, mi alumna tiene cierta capacidad de hacer funcionar las máquinas…
-¿Podés hacerlo volar?- me preguntó
-Nunca va a volar porque es un vehículo terrestre.
-No… es una nave… sí puede volar…
Creo que fue demasiado tarde cuando me di cuenta de que había destrozado todos sus sueños.
-Maestro, ¿podemos levantarla de alguna forma?- le pregunté directo a su mente.
-No creo que podamos hacerlo…
Había sido una tonta, ¿por qué no podía quedarme con la boca cerrada en momentos como ese?
Había algo que estaba mal, sentí a mi alrededor y descubrí que había otros planetas que no teníamos mapeados, así llegamos a una Luna habitable, un paraíso lleno de vegetación. Las coordenadas del lugar donde encontramos los escombros coincidían con ese planeta.
Estaba muy de mal humor, creo que nadie entendió por qué, mi maestro siempre me pedía que me quede en la nave, y si bien a mí me encantaba eso, por otro lado también quería ir con ellos. Pero como ya estaba de mal humor no quise bajar.
Habíamos hecho contacto con una raza de seres inteligentes y Kaleen junto a Lohdar fueron a investigar, mientras mi maestro y el maestro Asoka buscaban el posible escondite del Hutt. Los atacaron en las montañas, pero cuando llegué ya habían dado cuenta de los enemigos, según ellos unas esferas negras los sorprendieron desde el bosque y les arrojaron flechas desde todos los ángulos. Derné había sido herida y mi maestro me pidió que fuera con la nave a ayudarlos.
No mucho después Kaleen me contactó para que fuera lo a buscar y lo acercara a los demás. Otra vez, ya todos me estaba hartando, todos me tomaban por su secretaria. Desde lo alto vi que Kaleen y Lohdar comenzaban una competencia para ver quién llegaba primero hacia las montañas.
Mientras el maestro Asoka y mi maestro hacían contacto con un nativo que vivía en soledad, él junto a su compañero, una criatura muy extraña que hasta me costaría describir, les dio asilo en la montaña. El maestro Asoka les pidió a Kristal y a Hannabh que bajaran de la nave, tendrían un entrenamiento allí. Lástima, me hubiera gustado presenciarlo.
Lohdar contactó conmigo y me dijo por el comunicador:
-Faith, ¿te puedo pedir un favor?
-Sí…
Si bien no estaba de humor vi la posibilidad de acercarme a él y a los padawan, ya demasiado distanciada de ellos estaba, y gracias al keldor quizás pudiera por fin acercarme un poco.
-Quiero jugarle una broma a Kaleem, ¿me ayudarías? Te voy a deber una.
-Bueno, dale- le respondí y lo fui a buscar con la nave.
Cuando Kaleen llegó, mucho después que él y agotado, no podía entender qué había pasado, era fácil, el keldor le había hecho caso, no había usado la fuerza había pedido ayuda a sus amigos para ganarle.
Después de eso decidí bajar, estaba de mucho mejor humor ahora. Hacía tiempo que quería acercarme a los padawan, pero no sabía cómo, en especial después del entrenamiento en nuestra nave en el cual me habían dejado completamente afuera de sus planes.
Nuestro anfitrión nos obsequió alimentos y nos mostró su “nave”, era una carcasa de un vehículo terrestre. En el vidrio había dibujado las estrellas. Era extraño que una criatura de un planeta totalmente alejado de la tecnología tuviera el deseo de volar. Apoyé mi mano sobre los restos del vehículo y sentí todos los circuitos, no estaba muy dañada así que la hice funcionar. Era otra cosa que quería experimentar, podía unir con la Fuerza aquellos circuitos que no funcionaban. Nuestro anfitrión me miró muy sorprendido.
-Sí, mi alumna tiene cierta capacidad de hacer funcionar las máquinas…
-¿Podés hacerlo volar?- me preguntó
-Nunca va a volar porque es un vehículo terrestre.
-No… es una nave… sí puede volar…
Creo que fue demasiado tarde cuando me di cuenta de que había destrozado todos sus sueños.
-Maestro, ¿podemos levantarla de alguna forma?- le pregunté directo a su mente.
-No creo que podamos hacerlo…
Había sido una tonta, ¿por qué no podía quedarme con la boca cerrada en momentos como ese?
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